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La vida en aislamiento

Daniel Albero: "Mis gafas de competición funcionan en la UCI"

El piloto de Carcaixent ha donado cinco gafas, resistentes y más cómodas, al hospital de Gandia

Daniel Albero cocina una paellla ... con casco.

Daniel Albero cocina una paellla ... con casco. levante-emv

El piloto de motos Daniel Albero (Carcaixent, 1972) recomienda encarar el confinamiento por el coronavirus «con la mente firme mirando hacia adelante». Una actitud vital que siempre le ha acompañado desde que, con 10 años, le diagnosticaron diabetes de tipo 1 y fue sorteando obstáculos vitales de todo tipo hasta convertirse en el primer piloto diabético en participar en el Dakar, el rally más exigente del mundo. Su experiencia profesional le ha servido para colaborar en la emergencia del Covid19 de una manera muy original: ha donado cinco gafas de competición, de la marca Shiro, al personal sanitario del hospital de Gandia, en el que una facultativa es amiga suya: «Me preguntó si tenía algún líquido para desempañar los cristales. Al ver cómo les dañaba la cara las gafas que utilizan, le propuse utilizar las mías de competición. Más ligeras, con espuma protectora y que no se desgastan tras lavarlas y desinfectarlas. Las probaron en la sala de UCI y les han funcionado a la perfección», afirma entusiasmado.

El aspecto que más echa de menos, sin duda, es el entrenamiento al aire libre con la moto: «Tenemos que intentar adaptarnos. Siempre aprovecho estas circunstancias para aprender y reinventarme». «Adapto el ejercicio físico, que suelo hacer en el exterior, al interior. Tengo cuatro cacharros en casa como gimnasio, con los que estoy apretando a tope, y un rodillo de bici». El parón forzoso lo aprovecha para «repasar» con esmero sus motos en el pequeño taller de casa en el que ahora pasa «un montón de horas»: «Hago una hora de bici por las mañanas y una hora de gimnasio. También aprovecho para revisar las motos, tengo un pequeño taller en el que paso muchas horas. El aspecto técnico de las motos siempre me lo reviso yo».

Y si no puede rugir el motor de la moto, sí puede hacer el de otra pasión, la trompeta, que ha desempolvado estos días y que ha transmitido a su hijo pequeño: «Estoy también pasando tiempo con los niños, disfrutando de hobbies que tenía apartados, como tocar la trompeta con mi hijo pequeño, tocamos un rato por la tarde los dos juntos. Esto no nos va a parar y quiero llegar al Dakar más fuerte que otros años atrás».

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