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De la revuelta por los precios en el campo a desinfectar las calles en tractor

Cientos de agricultores en la Comunitat han puesto sus cubas y atomizadores a disposición de los ayuntamientos para desinfectar las calles de sus localidades contra el coronavirus

Hace poco mas de un mes cientos de tractores colapsaron València. Eran agricultores en protesta por unos precios dignos para el campo, reivindicando la agricultura como un trabajo que les permita vivir dignamente y no como el pozo de pérdidas que es hoy en día. Ahora, esos mismos tractores han vuelto a las calles, pero por una razón muy distinta. Agricultores y ganaderos de todos los rincones de la Comunitat han decidido poner sus tractores y atomizadores al servicio de la lucha contra el coronavirus y ofrecerlos (ofrecerse) para desinfectar las calles. Sin pedir nada a cambio, sin organizaciones ni sindicatos detrás, con iniciativas que han surgido de manera espontánea a través de las redes sociales. Porque el agricultor tiene, más que cualquier otro trabajador, un afán por cuidar de sus vecinos y de su localidad. De los suyos. Y en ello están, porque cuando salieron a las calles ya lo tenían claro. Solo el pueblo salva al pueblo.

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Es el caso de Miguel Martínez, de Utiel, que compartió su intención de ayudar a través de Facebook. O de Enrique Machi, de Carlet, que lo comentó por un grupo de wattsap de agricultores, creado para organizar la protesta del pasado 14 de marzo, pero que a día de hoy sigue activo. En un par de horas ya eran 40 los agricultores de La Ribera dispuestos a colaborar. Tanto en Utiel como en Carlet el proceso fue muy rápido, en apenas unos días los tractoristas ya estaban coordinados con el ayuntamiento para dar comienzo a las tareas de limpieza.

«Los agricultores decimos entre nosotros que estamos hechos de otra pasta. Ya sea de la Ribera, Camp de Morvedre, la Plana de Utiel o donde sea, siempre ayudamos a nuestro pueblo en lo que podemos», afirma Machi. En Carlet, donde las tareas de desinfección comenzaron el lunes, las calles serán desinfectadas tres veces a la semana gracias a las cubas y atomizadores de los tractoristas hasta que acabe la crisis sanitaria. En Utiel y sus pedanías, donde se han movilizado cinco voluntarios desde hace unas semanas, se están rociando las calles con agua y lejía dos veces por semana.

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Salvando las distancias, los agricultores pelean con plagas cada año. Sean hongos, ácaros, o bichos, tienen los medios y la formación para combatirlos. Es por eso que pensaron en echar una mano. «Es muy egoísta quedarse en casa y esperar a que alguien nos solucione la papeleta. Nosotros queremos ayudar, y cuanto antes nos quitemos de enmedio a este bicho y menos gente caiga enferma, mucho mejor», añade Machi desde Carlet. En Utiel, Miguel Martínez también se muestra muy entregado: «Yo lucho por los precios, pero también lucho por mi pueblo. Lo he hecho con plena voluntad y lo volvería a hacer». Si en algo es experto un agricultor es en cuidar. Cuida de sus tierras o su ganado cada día, sin excepción ni festivos. Pero también cuida de sus vecinos, dándoles productos de buena calidad y de proximidad, comenta Tomás Merino, también de Utiel.

Las lágrimas del campo

En un pueblo todo el mundo se conoce. Se sabe en qué puerta viven las buenas y las malas personas. Y a las primeras te las cruzas por la calle, entablas conversación, les preguntas qué tal les va. Es un contacto más cercano y más humano que el de las ciudades. Por eso mismo, cuando tus vecinos, los de toda la vida, te aplauden, significa mucho.

«El primer día la gente me hizo llorar cuando empezaron a aplaudirme. Ellos ¡Gracias! ¡Gracias! Y yo llorando. Porque a mí esas cosas me afectan mucho. Fue bonita la experiencia la verdad», destaca Miguel Martínez. En Carlet, los aplausos bastan para pagar a los agricultores, que una vez más cuidan de sus vecinos. «Por la noche cuando acabamos de fumigar lo comentamos: la sensación de bienestar y alegría que te entra en el cuerpo cuando has hecho algo en beneficio de la comunidad es muy grande. Sentimos que eso nos aporta mucho mas que lo que nosotros damos. Ayudar a mantener la sanidad en mi pueblo y que la gente esté más tranquila», apunta Filiberto Chermes, de Carlet.

Los aplausos reconfortan, es verdad, pero el campo sigue inmerso en una revuelta para garantizar una vida digna, a pesar de que se haya visto obligada a parar. «Yo lo que pediría es que la gente después de esto se acuerde más de los agricultores, ganaderos, pescadores... Del sector primario, y que piensen que somos la base de la nación», reivindica Tomás Merino, natural de Utiel.

Para Enrique Machi esta crisis debería servir para reordenar las prioridades de la ciudadanía. «Al final para una sociedad la prioridad no es tener un mejor coche, unas mejores vacaciones, una mejor tele o el iPhone de última generación. Eso es lo superfluo, pero nos lo han vendido como si fuera lo principal. Y esta crisis nos está recordando que la prioridad para la gente es tener comida y una sanidad pública buena y eficiente. Eso es lo que hace que una persona pueda vivir, no tener el mejor coche, ni la mejor tele, ni la mejor casa, o irse de vacaciones a un país más bonito. La prioridad es tener comida de calidad cerca de casa y una sanidad fuerte. Los sanitarios trabajando sin medios y sin equipos se están jugando el pellejo. Eso es lo que tenemos que apreciar. Las prioridades son esas y no las que creíamos que eran durante los últimos quince años que hemos estado engañados», explica.

No se cansan de repetirlo. Los agricultores están para lo que necesiten sus vecinos. Ahora somos nosotros los que deberíamos estar para ellos. Porque si no compramos producto de aquí, la agricultura se muere. «Piensa ahora cuál sería la situación si el coronavirus hubiera llegado en el 2030. Si las condiciones de la agricultura local no cambian en el 2030 no habrá agricultura aquí. Habrá desaparecido. Nadie puede soportar estar diez años más perdiendo dinero. Lo que quiere decir que no quedaría alimentación de proximidad. Imagina una crisis de este calado, con el cierre de fronteras, si toda la alimentación de España y el resto de Europa tuviera que venir de terceros países. De países asiáticos, países africanos, latinoamericanos...», denuncia Machi.

Hoy los agricultores han guardado las pancartas para sacar los atomizadores, porque a eso se dedican, a cuidarnos. Pero aseguran que la protesta por los precios no ha acabado. «Esto no puede quedar así. Cuando pase la cuarentena hay que salir otra vez a las calles. Lo tengo muy claro. Y esta vez voy a coger el tractor, no voy a salir a pie. Tenemos que salir para reivindicar nuestros precios», concluye Martínez.

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