Hay una figura que pasa prácticamente desapercibida durante la crisis del coronavirus. Se trata de los curas. Específicamente, de aquellos que ofrecen sus servicios en los hospitales. Ellos también viven de cerca la crisis sanitaria, aunque de una manera diferente. Les toca ejercer, más allá de su labor religiosa, de una mezcla entre guías espirituales y psicólogos.

Es el caso de Enrique Alacreu, párroco del Hospital de la Ribera. Tras decretarse el Estado de Alarma, Alacreu pasa muchas más horas en el centro sanitario que en el eclesiástico. Tampoco puede ir a ver los partidos de fútbol de la UD Alzira. «En estos momentos no hay actividad parroquial, así que todos los días estoy en el hospital desde las diez de la mañana hasta las diez de la noche», explica a Levante-EMV. Pese a que, dada la situación generada a raíz del coronavirus, un hospital es un lugar en el que la mayoría de la población no querría estar, él tampoco elude su complicado papel: «En estos días es muy difícil gestionar las emociones. No puedes estar con la gente contagiada pero tampoco con los familiares, que se deben quedar en casa. A mí me gustaría poder acompañarlos, aunque sea en silencio, durante estos momentos de preocupación e incertidumbre», añade.

No obstante, ejerce su tarea como apoyo moral en la medida que puede. «Creo que mi presencia en estos días es muy importante. Aunque paso bastante tiempo en la capilla, me gusta dejarme ver para que la gente sepa que estoy, hay muchos a los que le reconforta», comenta al respecto, para proseguir: «También intento animar al personal sanitario. Es un colectivo repleto de grandes profesionales con una vocación de servicio espectacular. En momentos tan duros, logran sacar toda la fuerza que pueden del fondo de su corazón y vencen sus miedos. Ellos son conscientes de que, incluso con las estrictas pedidas de precaución, pueden contagiarse y hacer lo propio con sus familiares. Es admirable porque, ni en un escenario como el que vivimos con esta pandemia, han perdido su alegría».

Una situación como la actual puede, además, menguar la fe de aquellas personas que se hayan visto afectadas por el coronavirus. Alacreu lanza para todos ellos un mensaje: «Es normal que aparezcan cuestiones como '¿por qué Dios permite estas cosas?' o '¿nos está castigando?'. Es nuestra labor hacer ver a la gente que Dios no envía enfermedades, ni plagas, ni castiga a nadie con ningún mal».