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El bus urbano siempre es puntual ahora

La brusca reducción de usuarios y la ausencia de tráfico en las calles de Alzira agiliza los trayectos del transporte municipal

José Richart desinfecta barras y agarraderos del bus mientras espera viajeros en la estación.

José Richart desinfecta barras y agarraderos del bus mientras espera viajeros en la estación. vicent m. pastor

El urbano ya no se hace esperar en Alzira. La pronunciada caída de usuarios y la ausencia de tráfico en las calles por el confinamiento de la población para frenar la expansión del coronavirus ha agilizado los trayectos del autobús municipal en las diferentes líneas hasta el punto que incluso los conductores optan por circular más despacio para no adelantarse a los horarios establecidos o se detienen para hacer tiempo en algunas paradas a la espera de viajeros. Se trata de un servicio que, durante el año, suele generar críticas de los usuarios por las demoras que acumula. Una media de entre 350 y 400 personas ha seguido utilizando a diario un servicio que, desde que se decretara el estado de alarma, el ayuntamiento dispuso que fuera gratuito en una medida que contribuye a prevenir contagios. Los conductores no entran en contacto con el dinero ni tampoco con los viajeros, que suben y bajan del bus por la puerta trasera -o la intermedia en uno de los vehículos- y se encuentran separados de los usuarios.

«Los usuarios son principalmente personas mayores o que no tienen vehículo y necesitan este servicio para ir a trabajar, al hospital, su centro de salud o a comprar», relata el concejal de Servicios Públicos, Fernando Pascual, que defiende el urbano casi como «un servicio social». «Si hay 400 personas que lo utilizan hacemos bien en mantenerlo», comentó el edil, si bien tras el decreto del Gobierno que paraliza la actividad en los sectores no esenciales, Pascual pidió el lunes a la empresa concesionaria un informe más detallado del servicio para valorar en base a la afluencia en esta nueva coyuntura si es conveniente ajustar a partir de hoy alguna de las tres líneas. El ayuntamiento había decidido mantener incluso las frecuencias al valorar que reducir el servicio aumentaría los tiempos de espera en las paradas y el número de viajeros por trayecto, con el mayor riesgo de contagio que ambos factores conlleva. Las medidas de seguridad establecidas -separación entre viajeros dentro del bus- limitan el aforo de los vehículos a quince personas, una por fila, cuando en condiciones normales se pueden desplazar hasta cuarenta, incluyendo la gente que va de pie.

El Hospital de la Ribera y la estación de Renfe, extremos de las principales líneas, son también los destinos de la mayoría de usuarios. Los informes de la empresa concesionaria apuntan que los viajeros que utilizan el servicio para desplazarse por dentro del núcleo urbano apenas representan un 20 % del total.

Una comparativa del número de usuarios revela un descenso del orden del 80 % desde que se decretó el estado de alarma y, con él, el confinamiento de la población. Valga como ejemplo que el último miércoles de febrero, día de mercado en Alzira y también el que más usuarios concurre en el urbano, la empresa concesionaria contabiliza hasta 2.056 usuarios -la denominada Línea 1 es la más concurrida con más de la mitad de los viajeros-, mientras que el miércoles 18 de marzo apenas utilizaron este servicio municipal 447 personas, un 78 % menos. Una comparación del martes 24 de marzo (348 viajeros) con un martes de febrero (1.903 el día 25) refleja una caída del 81,72 %.

José Richart, uno de los conductores que la semana pasada realizó el turno de mañana, admite que la situación resulta extraña. «A primera hora sí llevas gente que va a trabajar, después baja y a mediodía vuelve a subir. Hay algunos tramos que vas sólo, pero tienes que estar ahí porque no sabes cuándo puede haber un pasajero que necesita el servicio. La vuelta la tienes que hacer igual, haces el trabajo pero te sientes un poco raro», comentó.

«Más policía que coches normales»

Richart destaca que otro factor que contribuye a esa sensación la ausencia casi total de tráfico. «Hacia las 7 o las 8 de la mañana puede haber un poco más porque la gente va a trabajar, pero se ve casi más policías que coches normales», explica, al tiempo que relata que los conductores circulan más despacio para pasar a hora por las paradas. «La verdad es que vas más tranquilo conduciendo, ojalá fuera siempre así», incide.

Richart señala que, con las medidas de separación que se han aplicado, el trabajo como chófer es de bajo riesgo y destaca que dispone de una máscara de protección en el caso de ver a alguien toser. «En la parada del hospital sí se ve a alguien con máscara, pero no es algo exagerado. En un viaje que el autobús iba algo más lleno, si no les digo nada se hubieran sentado unos al lado de otros, la gente o no va demasiado protegida o no es consciente del peligro», comenta.

La empresa desinfecta a diario todos los vehículos y también los conductores aprovechan las esperas para repasar barras y otros elementos del interior del bus. «Lo hacemos por los viajeros, pero también por nosotros», indica Richart.

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