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Érase una vez un coronavirus

Siete niñas y niños ofrecen su mirada sobre una epidemia que los tiene un mes recluidos en casa

Érase una  vez un coronavirus

Érase una vez un coronavirus

valència

Érase una vez.. un coronavirus, el «malvado rey de los virus». Un bichito verde, aunque a veces es amarillo o rojo y siempre lleva corona. Está en todas partes, es invisible y ataca a las personas mayores, pero no a los más peques porque tienen «super poderes». Desde que ha llegado, sólo se habla de él y no se puede salir a la calle más que a comprar y sacar al perro. Por eso los niños no pueden ver a sus abuelos ni jugar con sus amistades, así que «cae mal» a todo el mundo. Lo bueno es que gracias a él se pasa mucho tiempo en familia y si uno se queda en casa, acabará venciéndolo y al final saldrá el arcoiris.

El coronavirus no es un cuento ni tampoco un juego, pero este bichito que ha puesto en jaque al mundo, cobra vida propia en la mente de las personas más pequeñas de la casa. El párrafo de arriba podría ser un resumen concentrado de lo que las criaturas piensan de un virus que desde hace un mes las ha sacado de las aulas, de los parques, de las plazas y, en muchos casos, sin llegar a entender muy bien por qué. Esta semana, la agenda política y mediática ha puesto el foco en los más de siete millones de menores que viven en España.

Especialistas de diferentes ramas hablan ya de los problemas físicos y emocionales que el prolongado confinamiento puede operar en la infancia: estrés, ansiedad, aumento de peso... al tiempo que hay división de opiniones sobre la necesidad de que la ansiada desescalada los tenga en cuenta y empiecen ya a poder salir a la calle.

La comunidad médica, el profesorado, las familias, los gobiernos hablan de lo que es mejor o peor para ellas, toman decisiones en el ámbito educativo... y mientras tanto, la imaginación de los más peques vuela libre y ajena a estos debates. Levante-EMV ha querido acercarse a esta mirada infantil y ha pedido a varias niñas y niños de edades comprendidas entre los 7 y los 13 años una redacción sobre el coronavirus. Cinco niñas y dos niños han participado en esta experiencia que, aunque sin aspiración científica alguna, sí permite observar cómo de una manera u otra, con mayor o menor imaginación, los temas que lleva aparejada esta epidemia (contagio, higiene, distancia social, etc) está en sus pequeñas cabezas.

Lo que sigue es un resumen de esta crisis sanitaria vista por las hermanas Aitana y Alejandra Sánchez (9 y 7 años), Joana y Miguel Romero (8 años), Héctor y Lara Baixauli (7 y 11 años), Daniel Sánchez (11 años) y Martina Muñoz (13 años). Todas ellas víctimas a la par que heroínas de esta crisis.

El virus misterioso

Muchas incógnitas persisten aún en el mundo científico sobre el virus que genera la enfermedad de la Covid-19, pero los de más corta edad tienen algunas certezas sobre su aspecto y comportamiento. Joana, por ejemplo, lo ve verde y con una corona «pinchosa», mientras que su hermano Miguel lo ve «grande y rojo». Eso sí, ambos tienen claro que hay que lavarse las manos «cien o doscientas veces» o «seis veces a la hora» y salir a la calle bien progetido con guantes y mascarilla para protegerse. Miguel matiza que tiene claro que los menores están a salvo aunque no haya vacuna «porque tienen un poder especial». Para la pequeña Alejandra es «un bicho invisible», que se contagia por la manos y que puede estar en «cualquier cuerpo», mientras que Héctor lo dibuja verdoso y con corona aunque no tiene ni «idea de cómo es». Aitana escuchó esa palabra por primera vez a finales de 2020 y «no lo entendía» aunque «poco a poco se habla más de este virus»

La alarma mundial

Y es que la sobre información y la alarma que esta crisis está desatando afecta también a los niños. «El móvil, las noticias, todo es coronavirus», lamenta Daniel que se esmera en dibujar un virus sin corona y con cara de pocos amigos. Y es que este niño muestra su enojo con la situación al considerar contradictorio que, de un lado, «nos digan que no es nada y que lo vamos a superar» y, de otro, las noticias nos dicen que «ha habido cien muertos»: «Al final me canso de oir las noticias que la mayoría son malas», escribe.

El lado bueno de las cosas

La mayoría de nuestros protagonistas tienen claro que «por culpa» de ese virus han dejado de hacer muchas cosas, algunas esenciales, como ver a sus iaos o jugar con sus amigos. Aitana lamenta que la epidemia «no nos ha dejado ir a nuestro viaje familar a Francia», mientras que Lara no pudo celebrar su úndecimo aniversario con sus amigas. Ella hubiera preferido una fiesta «pero no estuvo tan mal». «Todos mis vecinos me cantaron cumpleados feliz, incluso vino la policía a felicitarme». Y es que las niñas y niños también saben ver la parte positiva de esta situación de confinamiento. Hector echa de menos a sus amigos y está aburrido, pero «hay algo bueno, que estoy con mi familia». La misma reflexión hace Aitana: Tengo más tiempo para estar con mi familia.. y ahora estoy más tiempo en el balcón y he conocido a la mayoría de los vecinos y nos saludamos todos los días a las ocho cuando salimos a aplaudir a los sanitarios».

La incertidumbre educativa

Martina, la más mayor de este grupo, tiene más conciencia de lo que está ocurriendo y se queja de unas clases virtuales que son «poco productivas y más pesadas». Martina, que cursa segundo de la Eso en Mislata, lamenta que esta crisis «no va a beneficiar a nadie ni a los estudiantes que estamos perdiendo mucho tiempo y hay mucho temario por ver». Con todo es capaz de ver lo positivo: «a mi padre no lo veía mucho por su trabajo y ahora lo veo todos los días.. me encanta».

Y mientras el mundo de los adultos se esmera en hacer números, predicciones sobre el aplanamiento de la curva de muertos y contagios, Daniel, Aitana, Alejandra, Joana Lara, Héctor, Miguel y Martina confían en ganar la batalla al virus: «Te vamos a ganar, estáte atento», advierte Miguel ante un dibujo de un virus que conserva la corona pero con rostro vencido.

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