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Vivir el confinamiento en un colegio mayor

El Rector Peset de la Universitat ha cerrado de puertas hacia fuera pero atiende a una trentena de colegiales que pasan la cuarentena

Las estudiantes, en el colegio mayor.

Las estudiantes, en el colegio mayor.

Marc estudia el Máster de Profesorado de Secundaria; Ana Gutiérrez Fajardo, de 28 años, nació en Ecuador y ahora finaliza también un postgrado, el de Género y Políticas de Igualdad. Además de que ambos son estudiantes de la Universitat de València, estos días también comparten confinamiento en el Colegio Mayor Rector Peset de la UV. En este edificio histórico del corazón de València permanecen una trentena de colegiales como residentes, después de que el Gobierno decretara el estado de alarma por la propagación de la covid-19.

En total, son 30 las personas que pasan sus días en este colegio mayor público, que la Universitat considera servicio esencial. La inmensa mayoría son estudiantes (28 de los 135 que tienen este curso) y tan solo dos, investigadores; además del director, Carles Xavier López.

Según explica López, los residentes son becados (tanto de convocatorias estatales, como propias de la UV o internacionales), que no podían volver a sus casas familiares o que consideraron que no era adecuado hacerlo, siguiendo las recomendaciones sanitarias. Con el fin de que la convivencia sea segura, el colegio mayor ha realizado cambios para adaptarse a la situación: cada residente está en una habitación individual, con un baño personal (no compartido, como suele ser habitual ) y tanto en el gimnasio, como la biblioteca y otras zonas comunes debe guardarse una distancia mínima, mientras que algunas dependencias se han cerrado estos días. Asimismo, se ha reducido el horario de los desayunos, comidas y cenas, pues los estudiantes ya no van a clase, y tampoco se acogen actos culturales, como es habitual (solo el año pasado hubo 380).

El equipo de profesionales que trabaja en el centro de forma presencial se ha reducido «al mínimo»: son aquellos de áreas vitales como recepción, seguridad, cocina, limpieza, mantenimiento... mientras el resto teletrabaja con reuniones virtuales diarias. «Somos el único colegio mayor público valenciano y damos un servicio a la sociedad», recuerda su director, que también pasa el confinamiento dentro, «por coherencia, porque es lo mejor para coordinar y es donde tocaba estar», al igual que la subdirectora, Ana Reyes Liébana.

Según relata López, no han tenido ningún caso de covid-19 y son días de sentimientos contradictorios, ya que dentro están «bien, en un entorno con condiciones óptimas por el esfuerzo de todos y espacios abiertos en los que poder moverse, pero también hay gente preocupada por cómo la enfermedad afectará a sus países...» ya que, como enumera, hay estudiantes de Ecuador, Cuba, Argelia, Guatemala, Haití, Honduras...

Un golpe emocional

Una de las colegialas internacionales es Ana, de Ecuador, que se muestra preocupada por cómo esta situación puede afectar a su país, «que ha antepuesto el pago de la deuda externa a la sanidad», lamenta. Ya lleva dos cursos en el Rector Peset y ahora prepara su Trabajo Final de Máster (TFM) mientras colabora con ONG de València, ya que recuerda que «se habla de no dejar a nadie detrás, pero hay gente que ya se había quedado atrás antes de esto, como las personas migrantes». De hecho, para la joven, la situación actual «debería llevarnos a volver a la solidaridad, a la empatía y a lo comunitario, porque nadie se salva solo; es importante pensar qué sociedad queremos construir».

Ana asegura que intenta mantener una rutina, «pero es complejo no verse afectada por el estrés psicológico de no saber qué va a pasar aquí, en el país de origen... hay una cuestión emocional sobre cómo va a golpear esto a nuestras familias», pero, a pesar de eso, reconoce que el confinamiento «se pasa bastante bien, porque hacen todo lo posible por atendernos».

Por otro lado, Marc tiene a los suyos mucho más cerca, en Carcaixent pero, precisamente, para protegerlos decidió quedarse en el colegio mayor. «Podría haber vuelto al pueblo, pero tengo familiares que son grupo de riesgo y me pareció peligroso: hasta la semana antes del confinamiento estuve saliendo por València y, además, hubiera tenido que coger el tren...», explica. Para él, «esto parece una película norteamericana, pero es un privilegio estar aquí, no es como un piso de 90 metros cuadrados, y se lo agradecemos a la UV, que también nos ayuda con las becas», detalla.

«El colegio de repente se quedó vacío, por lo que tenemos más espacio en un ambiente privilegiado, en el Carme. Tras un mes sin salir, veo la puerta cerrada y me entra un poco de agobio, pero no necesito nada; es como estar en una prisión, pero bonita», lo define el futuro profesor. Así, la vida social ahora es «a dos metros de distancia» en las zonas comunes, relata Marc, quien cree que el confinamiento «ayuda mucho a nivel académico, para acabar TFM, Trabajos Final de Grado (TFG), tesis...».

Responsabilidad

Por su parte, el director del colegio mayor asegura que «la gente es muy responsable y colabora», por lo que está «muy agradecido», ya que todos han mostrado «amabilidad y compromiso». Como detalla, su labor también es la de «acompañamiento en todos los niveles, desde atender a quien se hace daño en una rodilla, hasta cuestiones más personales o hacer envíos a quien se ha dejado material importante». Aunque la mayoría son estudiantes de último año de carrera o máster, «se trata de 'mimarlos' un poco, porque no deja de ser una situación complicada», defiende.

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