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"¿Cuándo podré ir a casa?"

La residencia de discapacitados intelectuales de la Safor logra evitar contagios con el cierre total de las instalaciones - Guardia Civil, Bomberos y Cruz Roja homenajean al personal y a los usuarios

"¿Cuándo podré ir a casa?"

"¿Cuándo podré ir a casa?"

Esta crisis del coronavirus se recordará, en su vertiente más positiva, por los gestos, más o menos solemnes, dirigidos a que nadie quede abandonado en esta difícil situación de confinamiento. Y en la Safor uno de los colectivos que aún no habían podido compartir los aplausos es el de las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo que se encuentran en la residencia de la Asociación Pro Minusválidos Psíquicos de la Safor (Asmisaf), formada por familiares de los propios usuarios, situada a las afueras de Potries.

Desde el 14 de marzo, cuando se decretó el confinamiento de la población, un total de 44 usuarios de ese centro, hombres y mujeres de distintas edades, han permanecido encerrados, si bien con el «privilegio» de disponer de una gran parcela con magníficas vistas. «Lástima que haya estado tantos días lloviendo», señalaba una de las responsables del centro, ayer, a este periódico.

Desde aquel 14 de abril las personas con discapacidad intelectual no han podido desplazarse a Potries, ni participar en las actividades que realizan en colaboración con la biblioteca municipal, ni recibir la visita de sus familiares, ni acudir a casa para verlos.

Dada su situación y que muchos de ellos no alcanzan a entender la realidad del problema, no sorprende que una mujer planteara en voz alta una pregunta a la Guardia Civil. «¿Cuándo podré ir a casa»? El capitán de la Compañía de Gandia, José Manuel Recio, también fue sincero y le respondió: «Nadie lo sabe todavía».

Esa fue solo una de las escenas vistas a media mañana de ayer en la residencia de Asmisaf de Potries. Junto a numerosos agentes de la Guardia Civil de la Safor estaba la Cruz Roja de Gandia, los bomberos del parque de esta ciudad y la alcaldesa de Potries, Assumpta Domínguez, que fueron los colectivos homenajeados ayer por su colaboración con el centro.

Pero el homenaje, que como tantos otros durante estas semanas estuvo cargado de sirenas a cargo de los vehículos de emergencia, fue recíproco. Porque desde la Guardia Civil, los bomberos y Cruz Roja también salieron aplausos, en este caso dirigidos hacia el personal del centro de Asmisaf y los propios usuarios.

Capacidad de adaptación

Entre todos han sido capaces de evitar que el virus entre en esa residencia, lo que habría podido tener consecuencias fatales porque se trata de personas de riesgo. Muchos son inmunodepresivos, sufren patologías o su tratamiento incluye el uso de medicamentos.

Rosana Navarro, una de las coordinadoras del centro, narra a este periódico que para alcanzar ese objetivo se adoptaron medidas muy estrictas, como la separación en grupos y la ausencia total de visitas, además de seguir el protocolo que ha marcado la Generalitat. Los contactos con sus familiares se han tenido que limitar a las videollamadas, que han contribuido a superar el ansia de ver a sus seres queridos.

«Para ellos y para las personas que los atendemos, esto no es una residencia, es su hogar, porque sabemos que los lugares no los hacen los sitios, sino las personas que permanecemos en ellos», señala Navarro, quien también reconoce que «los inicios de esta situación fueron complejos y duros» porque no hubo elementos de protección para el personal que atiende, un déficit que aún no se ha superado totalmente.

«Las personas que aquí viven nos han demostrado cada día, y sin ánimo de caer en la emotividad fácil, que a pesar de sus dificultades, tienen una capacidad de adaptación mucho mayor de la que pensábamos», concluye Rosana Navarro.

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