17 de mayo de 2020
17.05.2020
Levante-emv

L' Ènova: La villa romana que nadie puede visitar

Se hizo lo difícil: que un nuevo trazado ferroviario no la destruyera, y que una campaña arqueológica confirmara su dimensión histórica. Hoy, en la villa romana solo hay carteles borrosos, maleza y abandono

16.05.2020 | 17:57
Un cercanías pasa justo por encima de los restos de la villa romana el pasado martes

En los años 80 hubo quien sostenía que L'Ènova fue la cuna de Cristóbal Colón, posibilidad que la situó en los periódicos unos cuantos años. Apagado aquel fuego, porque nadie pudo apuntalar semejante conjetura, este pequeño municipio de la Ribera volvió a estar en boca de todos por su historia. Y esta vez de manera totalmente demostrable: en su término municipal, en un franja de terreno sobre la que iba a construirse la futura variante ferroviaria y la duplicación de vías del futuro tren de alta velocidad, las obras se toparon con unos más que relevantes restos romanos. Era 2003 y l'Ènova iba a añadir lo de «romana» a su condición de «antiga i hortana; on naixqué la taronja salustiana», como decía una recordada campaña de autoafirmación local a finales de los 70 en forma de pegatina en los coches. Pero hoy, después de años de euforia, Villa Cornelius está oculta. Más que oculta: arrumbada por la desidia. Se hizo lo difícil „que el Estado admitiera la importancia de los restos y alterara la obra del tren, construyendo un nuevo y costoso paso elevado„ y lo más difícil todavía: una ambiciosa prospección arqueológica. Hoy, la zona es un deprimente páramo colonizado por la vegetación silvestre. Los paneles informativos, herrumbrosos y abrasados por el sol, explican la importancia de todo aquello. Y dan buena cuenta de lo que a veces es la gestión política: fuegos artificiales. Vistosos, coloristas... y efímeros.


Como esos albañiles a los que su casero alerta de que si encuentran algo en las obras de su casa vieja de algún casco histórico se callen y no llamen la atención del arqueólogo municipal, ADIF también quiso silenciar el hallazgo. Tanto expertos como pueblo llano no tragaron. Una plataforma reivindicó el desvío de la obra y reclamó rascar el suelo en busca de verdades no oficiales. Y resulta que en L'Ènova tenían un tesoro: los restos de una villa con inscripciones incluidas gracias a las que se pudo determinar que el conjunto fue propiedad de Publius Cornelius Iunianus, patricio romano de Xàtiva (Saetabis) que la habitó entre los siglos I y II.


Restos de vajilla, mármol, los cimientos de la casa, azulejos, monedas... L'Ènova sí que tenía esta vez un pedazo de historia en sus entrañas. En 2012, el Museo de Prehistoria de València produjo la muestra, Villa Cornelius. La vida rural en la época romana, inaugurada en el Museo de Prehistoria de la Diputación de Valencia en 2013. Ensamblaba las piezas halladas con una recreación, muy aproximada, de cómo era la villa. Después, L'Ènova iba a situarse por fin en el mapa de los recorridos culturales con este espacio visitable. Pero echar tierra sobre el asunto no fue frase figurada. Taparon los restos con toneladas de zahorra. Las piezas, como marca la ley, las conserva el museo más próximo, l'Almodí de Xàtiva. Y por encima lo único que pasa ahora es el tren.

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