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Mujeres orgullosas

2020 es el año de la lucha de las mujeres lesbianas, transexuales y bisexuales para conseguir la igualdad real. Por primera vez la G y la I de LGTBI ceden su protagonismo para dedicar el Orgullo a las realidades femeninas. Patricia, Claudia y Amparo son personas libres y visibles que reivindican una sociedad en la que la mujer sea lo que quiera ser.

Mujeres orgullosas

Claudia tenía 16 años cuando abordó la conversación más importante de su vida. Un día su madre se sentó con ella y le dijo: «Hija, usas ropa de mujer, sujetador y tus amigas empiezan a tener pecho. ¿Te gustaría empezar con el proceso y que vayamos al médico a ver qué nos dice? ¿Es esto lo que quieres, estás segura? Nosotros lo único que queremos es que seas feliz». «Sí», le respondió. Ahí empezó su verdadera vida.

Patricia era una niña de Onda que desde pequeña soñaba con volar. Le decían que solo llegaría a ser azafata pero se atrevió a soñar a lo grande y se convirtió en la primera mujer de la Armada española en pilotar un reactor. Su corazón siempre será el de una mujer piloto militar, pero lo dejó por ser lesbiana.

Amparo es de València y no ha tenido ningún problema mientras sus parejas han sido hombres, pero las cosas cambiaron cuando se enamoró por primera vez de una mujer. Ni es lesbiana ni heterosexual, tampoco una viciosa. Es solo una mujer que ha aprendido que la bisexualidad no es una fase o un fetiche, sino una condición en la que los gustos fluyen.

Este 28 de junio se celebra el primer día del Orgullo LGTBI en España en el que la G y la I ceden el protagonismo a las siglas LTB. 2020 se dedica a las mujeres diversas y diferentes, pero unidas para desmontar la misoginia como una forma de lucha contra el machismo. Desde las particularidades de las mujeres lesbianas, transexuales y bisexuales, todas defienden un feminismo amplio y cómplice. Una alianza de mujeres diferentes que entiende la diversidad como un elemento que enriquece.

Claudia, Patricia y Amparo son tres mujeres naturales y libres, muy libres, que han aceptado la invitación de este periódico para contar su historia, sin complejos ni parafernalias. Reivindican una sociedad en la que las mujeres sean lo que quieran ser. Las tres rechazan el debate teórico sobre los derechos de las personas trans y el feminismo: «No se trata de ver quién tiene más problemas, aquí estamos jodidas todas. O cambiamos y tiramos hacia adelante para hacer frente al machismo o fracasaremos», razona Amparo.

Tres mujeres LTB

Esta es la historia de una mujer lesbiana, hija de una humilde familia de Onda, que rompió techos de cristal. Estudió Comunicación Audiovisual, se convirtió en la primera mujer en pilotar un reactor en España, entrenó un equipo de fútbol en EE UU y viajó a Uganda como voluntaria de la ONG Fútbol Sin Fronteras. Es Patricia Campos y todo lo hizo sin referentes. «Me hubiese gustado conocer de pequeña a alguna mujer lesbiana de Onda. Me sentía muy sola y diferente».

En el libro Tierra, mar y aire cuenta su experiencia como mujer y lesbiana en la Armada. «Salí del ejército y tenía dos opciones: podía cerrar la puerta sin contar nada o decirle al mundo cómo estábamos las mujeres y las personas homosexuales en 2016. Si alguna niña lo lee y piensa 'esto lo ha hecho una chica normal de pueblo, yo también puedo hacerlo' significa que ha valido la pena. Es la forma que encontré para que no sufrieran lo que yo sufrí».

Claudia nació en 1991 y es estilista en À Punt, la televisión pública valenciana. Así fue cómo empezó a descubrir su identidad. «Siempre he sabido que algo me pasaba, pero no le encontraba un nombre. En el colegio me llamaban maricón y me daba mucha rabia porque yo sabía que no era gay. Tenía un amigo gay y le decía 'es que yo no soy como tú'», recuerda.

Ha estado acompañada por su familia y amigos, «me siento una privilegiada», y fue su madre la que le planteó iniciar el proceso. «Fui la primera paciente trans de mi médico y él tampoco sabía cómo abordar el asunto. Pero con el tiempo nos ayudó muchísimo y siempre está pendiente de mi», afirma con una gran sonrisa. Claudia cuenta que es visible para reivindicar a las personas trans: «Ha llegado la hora de que todo el colectivo LGTBI nos ayude», pues a su juicio «nunca dejas de navegar en tu transexualidad».

La B de LGTBI es la letra más invisible, es como si no existiera, incluso para el propio colectivo. Las mujeres bisexuales sufren más trastornos o depresión que el resto porque se quedan aisladas. Amparo Navarro Cordones tiene 31 años, es activista en Lambda -colectivo LGTBI de València-, bisexual y da cursos de diversidad en colegios e institutos. «En las aulas trabajamos el acoso escolar y por qué no hay que atacar al diferente. La palabra mariquita aparece a los cinco años aunque no tengan ni idea de lo que es. Imagina cómo puede estar una persona que ha escuchado mariquita toda su vida», se pregunta.

«Las orientaciones plurisexuales son percibidas como vicio», lamenta Amparo, quien asegura que «la bisexualidad no es una fase y no es verdad que todo el mundo lo sea». «He aprendido que los gustos fluyen y las orientaciones no son fijas», concluye.

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