La nueva política es de pactos y geometrías variables. Las mayorías absolutas son una rareza en hemiciclos cada vez más multicolores. El PP ha tenido que entenderse con Ciudadanos y Vox en las autonomías y principales ciudades donde gobierna (Madrid, como gran referencia). Sin embargo, los populares de València evitan esta cuestión en las ponencias de su próximo congreso, que celebrarán el día 10. ¿Por qué dejar de lado una de las cuestiones que más preocupa, la disposición (o no) del PP a gobernar junto con la extrema derecha? Porque no es el momento, aseguran en el equipo de la única candidata a presidir el PP de la capital, María José Catalá. Faltan tres años hasta elecciones y las cosas pueden cambiar hasta entonces, añaden.

La ponencia económica del congreso combina elementos muy liberales con otros más de centro. Así, se fija en el modelo madrileño de reducción de impuestos y bonificaciones y, al tiempo, fía la expansión a la innovación tecnológica. «El proyecto del PP para València es convertir nuestra ciudad en una smart city de referencia», dice el documento económico». Debe convertirse en «un gran laboratorio urbano de innovación». El futuro «debe basarse en un crecimiento inteligente», añade.

Junto a esas aspiraciones de renovación productiva, la ponencia proclama también el anhelo de Valencia como «una de las capitales económicas del Mediterráneo, compitiendo de tú a tú con ciudades como Madrid en bajada de impuestos». La relajación fiscal la une a evitar la burocracia. Para ello se compromete a «evacuar» autorizaciones y permisos municipales en un plazo de 10 días. Incluso prevé externalizar la tramitación de licencias.

El reglamento que se aprobará en el congreso del PP plantea por su parte mantener una sede propia para el partido de la ciudad y contiene la referencia a la defensa de las señas de identidad de una «valencianía compatible con la unidad de una España plural, pero titular de la soberanía nacional, patria común e indivisible».