Para entender la trascendencia del acuerdo entre la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL), l'Insitut d'Estudis Catalans (IEC) y la Universitat de les Illes Balears (UIB), hay que echar la vista atrás hasta la constitución de la AVL, que surgió con el reto de normalizar una situación sociolingüística que era anómala.

Aprobada en 1998 y puesta en funcionamiento en 2001, con el beneplácito de las Corts, la institución nacía fruto del consenso que pretendía acabar definitivamente con los últimos coletazos de la Batalla de València. La elección «política» de los primeros académicos se vio con recelo y, mientras unos acusaban la AVL de «oficializar el catalán», otros la veían con buenos ojos y un «punto de partida hacia la normalización».

Al mismo tiempo que el germen de l'AVL crecía, el IEC anunciaba, con el apoyo de 40 intelectuales valencianos, la creación de una sede en València -que también llegaría a Castelló-, ante la «escasa credibilidad» que le daba a la institución valenciana, según recogieron las páginas de este periódico.

El asunto del Institut d'Estudis Catalans y de la Acadèmia Valenciana de la Llengua protagonizó conversaciones entre Eduardo Zaplana y Jordi Pujol, los presidentes autonómicos de entonces; en unos primeros años en los que también centraban titulares la creación de la Normativa Ortogràfica o de una Gramàtica, así como la aceptación de palabras «genuinas» (cercanas al habla) que pasaban a ser reconocidas como válidas.

Si bien, las relaciones institucionales iniciales no fluyeron entre ambas partes, según recuerdan algunas fuentes consultadas, las dos instituciones han compartido y comparten algunos de sus miembros y sí ha habido intercambios y cierta relación de manera oficiosa.

Ahora, el protocolo firmado conlleva de facto, que el instituto barcelonés reconoce la autoridad de la Acadèmia, con su papel y sus competencias, y el inicio de una nueva etapa marcada por la voluntad de comunicarse de manera fluida, además de explorar vías de colaboración horizontales, dejando de lado las reticencias de los más ortodoxos en cuestiones lingüísticas.

Recientemente ya se han celebrado unas jornadas con participantes de los tres territorios; y los diccionarios valenciano y catalán han incluido a la vez nuevo vocabulario LGTBI con las mismas definiciones. Antes, la Acadèmia Valenciana ya asimiló e incorporó los cambios del IEC sobre los acentos diacríticos.