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Análisis

Un rostro nuevo y limpio para más de lo mismo

El PP se ha agenciado un entrenador para trabajar las bases e insistir en líneas como el enemigo catalán

Un rostro nuevo y limpio para más de lo mismo

El nuevo presidente provincial del PP, Vicent Mompó, suele decir que una de las palancas de su partido es que no sorprende. La gente sabe dónde está y su ideario. Pues eso. Mompó inauguró ayer su presidencia (después de cuatro años largos de provisionalidad) no con un mensaje de renovación ideológica, sino con una palabra que repitió hasta la saciedad: «Trabajar, trabajar y trabajar». Con esa afirmación acabó su primer discurso. Sabe a lo que va y lo que sus valedores (Génova) esperan de él.

El PP se ha comprado un entrenador (Mompó lo es, de fútbol, y exjugador), no un orador brillante (cosas del nerviosismo de la primera vez también) ni un teórico de las ideologías. Ni un González Pons ni un García-Margallo. Estos, a Bruselas. El perfil es otro. El alcalde de Gavarda sabe a lo que llega: a partirse el lomo en centenares de pueblos para intentar «rearmar» desde abajo un proyecto muy tocado tras dos derrotas electorales en autonómicas y más de una veintena de causas judiciales por corrupción. Algunas ya sentenciadas con condena.

Ese es el asunto tabú en la vida pública del nuevo PP. Se habla de momentos «complicados», «difíciles», pero no se menta la corrupción. El partido de España, el partido de la familia y el partido del pueblo, el de los vecinos, como dijo ayer Mompó, debe de ser también el de la memoria selectiva. Referirse a «los hermanos de Puig», a los «líos» de Oltra y al «cuñadísimo» de Ribó y olvidar los problemas internos a causa de la corrupción debería estar tipificado en algún lugar como maltrato al vecino imparcial y mínimamente documentado. Esta no debería ser la nueva política, porque no es la buena política.

Pero estos actos son principalmente para consumo interno. Mompó tiene a su favor la disposición a la unidad de un partido que ha visto las orejas al lobo del sorpasso. Ha aprendido que solo con paz interna (la que no tuvo los últimos años) puede intentar reagrupar el centroderecha y recuperar la hegemonía clara en esa parte del arco. Todo en este congreso y en la nueva ejecutiva deriva de esa clave unitaria (aunque siempre queda algún damnificado). Lo dijo Pablo Casado ayer: «El multipartidismo beneficia a la izquierda». El PP necesita algo más parecido al bipartidismo.

El proyecto no es sorpresa. Volvió el espantajo del pancatalanismo. Por la lengua y ahora también por el puerto o el corredor . Los vecinos del norte son presentados como los enemigos contra el progreso valenciano, mientras que España es sinónimo de integración y pluralidad. Como dijo Mompó: «Volveremos a ser lo que fuimos».

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