Ofrece una colección de postales en la que no destaca la piedra: ni el castillo ni la Colegiata. Ni el casco antiguo ni las casas señoriales. En Xàtiva hay otro espacio para el turismo. Es la Cova Negra. Y de tan lejos que está de la estampa habitual y conocida de la capital de la Costera, hay quien duda de que se trate de la misma ciudad. Lejos en su aspecto, que no en distancia. Esta zona de rincones realmente agrestes y de tots els colors del verd, que diría Raimon, no está ni a cinco kilómetros del casco urbano. Y muchísimo menos aún de los cientos de chalés de Bixquert, el diseminado de Xàtiva que de zona de segundas residencias ha pasado a convertirse ya un enclave cada vez más habitado.

La Cova Negra fue declarada Paraje Natural Municipal en 2006 y debe su nombre al yacimiento en el que hay vestigios del Neandertal. En el Museo de l'Almodí se exhibe la reproducción de un hueso parietal de la época, descubierto en la cueva. Pero esa es solo una parte. La frondosa vegetación de ribera es una invitación al senderismo, práctica que en ocasiones sufre a la del ciclismo, a veces un tanto desconsiderada. O a los corredores a pie.

En la Cova Negra, la pebrella es actriz principal de su escaparate botánico. La mezcla de vegetación de ribera y de montaña alumbra una rica convivencia entre especies vegetales flotantes y cañaverales de gran densidad con bosques de chopos, olmos, pinos y plantas aromáticas. Todo ello a la vera del Albaida, el río que la presa de Bellús lamina y cuyo caudal es cambiante. La zona no es excesivamente frecuentada por bañistas, en comparación al menos con los años sesenta y su río sin regulación, entonces estrella de la Pascua setabense. Pero no falta quien aprovecha algún remanso o alguna zona más segura para darse un chapuzón, así como en la zona de azudes.

Para llegar a la Cova Negra desde Xàtiva en coche se puede hacer por la CV-610, dirección el Genovés; antes de la segunda rotonda de entrada a esta población, hay que girar a la derecha en dirección a la pedanía de Alboi buscando la Xopà del mismo nombre. Se llega a la zona de aparcamiento tras dos kilómetros, en el margen derecho del río. También se llega por la N-340. A la altura de la ermita de Bixquert hay que romper por el Camí del Pont Sec. Desde este punto arranca la senda que recorre todo el paraje y llega hasta la Casa de la Llum, antigua instalación para aprovechar el caudal como energía y hoy aula de naturaleza. Por la misma N-340 se puede desviar la marcha un poco antes, en el Camí d'Alboi. Merece la pena porque tras una zona de chalés masificada y caótica emerge el imponente acueducto de las Arcadetes d'Alboi y sus nueve arcos apuntados. Ahora sí que hay piedra. La web xativaturismo.com ofrece abundante información.