La integración educativa que persiguen las aulas de Educación Especial integradas en colegios ordinarios no será posible este curso a consecuencia de las estrictas medidas de seguridad que exige la pandemia. Los colegios con este tipo de aulas específicas se han visto obligados a agrupar a estos alumnos (solo en la provincia de Alicante son cerca de un millar) en aulas burbuja, tratando de respetar al máximo edades similares e incluso duplicando espacios para mejorar la atención a los niños con dificultades especiales, a sabiendas de que no podrán compartir determinadas asignaturas o actividades en otras aulas ordinarias como hasta ahora, porque entre otros extremos no pueden llevar la mascarilla por su especial sensibilidad. El covid, por tanto, no permite este año continuar con la labor de integración de estos niños, escolarizados en colegios ordinarios. «Se quedan siempre en su aula burbuja, no hay otro remedio este curso. No se pueden mezclar. Pero estarán mejor atendidos porque en este centro, por ejemplo, hemos creado dos aulas en lugar de una, con cinco alumnos cada una, un especialista de Pedagogía Terapéutica, otro de Audición y Lenguaje y una educadora», recalca el director del colegio El Fabraquer de El Campello, Ginés Pérez. Admite que la labor de integración con estos alumnos es muy importante, pero que «ahora es imposible. La salida al patio tampoco puede ser común y está claro que les afecta, pero este curso no se pueden mezclar», abunda Pérez. Son ya catorce años los que acumula el colegio público El Fabraquer con un aula integrada de Educación Especial en sus instalaciones, trayectoria que ha contribuido a concienciar al conjunto del resto del alumnado en la integración de quienes presentan alguna dificultad específica, «pero este curso es distinto para todos en general», concluye el director. Jorge Moliner, orientador y ex director del colegio de Educación Especial Santo Ángel de Alicante, explica por su experiencia que ante algún grado de discapacidad intelectual no se puede pretender la obligación de la mascarilla porque, por su propia idiosincrasia, son niños que no lo pueden respetar, de ahí la dificultad añadida este curso. Moliner abunda que siguen siendo el último eslabón para el conjunto del sistema educativo y que lamentablemente no puede cambiar su discurso tras haber pasado por el Virgen de La Luz de Elx y el Santo Ángel . «Siguen siendo la asignatura pendiente. Se trata de centros habitualmente fruto de remodelaciones de instalaciones que no eran colegios, por lo que no llegan a estar adaptados realmente a la idiosincrasia de estos chavales».