La vuelta a las clases ha dejado el goteo de casos, cierres temporales de aulas y pruebas PCR como parte de la nueva realidad a la que ajustarse y uno de los puntos que más nerviosismo genera. El protocolo diseñado por la Conselleria de Sanidad marca que será Salud Pública quien decida en qué casos se aísla una clase o cuántos PCR hay que hacer al alumnado si se detecta un síntoma. Sin embargo, Luis Blesa, presidente de la Sociedad Valenciana de Pediatría, reclama más coordinación para evitar que, cuando haya que hacerse las pruebas, «no haya 25 o 30 alumnos distribuidos cada uno en un centro de salud». Como representante de los pediatras, Blesa pide «centralizar» los tests: «Lo lógico sería que Salud Pública vaya al centro o establezca un mismo punto a partir de unidades móviles y que haga la prueba a todos los alumnos de un mismo aula y les dé los resultados a la vez».

En la situación acutal, asegura Blesa, muchas familias acaban llamando por su cuenta al centro de salud y organizándose de manera invidual lo que, en su opinión, «crea mucha confusión». Una de las críticas que realizan tanto desde la Sociedad Valenciana de Pediatría como desde el Colegio Oficial de Médicos de València su vicesecretario, Antonio Monrabal, es que este personal sanitario asuma la labor del rastreo de contactos. «Nosotros llevamos los casos cuando necesitan una atención médica, cuando hay que determinar la gravedad, el tratamiento o hacer un seguimiento para saber cómo enfrentarnos a la enfermedad», explica Luis Blesa, quien añade que el personal de Atención Primaria «no tenemos que hacer una tarea burocrática».

En la misma línea Monrabal asegura que para llamar y preguntar con quién ha tenido contacto, pedir números de teléfono y dar citas para hacer una PCR «no hay que ser médico, como mucho, saber qué hay que preguntar y rellenar unas tablas». El problema en ese caso, tal y como recuerda Blesa, es que «no puede ser cualquiera porque aparecen datos médicos». Sobre el protocolo, Monrabal indica que el documento le parece «adecuado», aunque cree que «hubiera sido mejor que lo hubieran enviado antes de empezar el curso y no cuando ya llevábamos una semana de clases». «Ese protocolo pretender aligerar, aunque no lo consigue», asevera por su parte el presidente de la Sociedad Valenciana de Pediatría, «al final en Atención Primaria acabamos cargando con todo».

«Estamos francamente cansados», manifiesta Monrabal, también médico de Atención Primaria, mientras que, según expresa Blesa, si ya existe «un déficit importante de profesionales, especialmente en Atención Primaria, no se puede perder el tiempo en una tarea burocrática porque el resto de enfermedades no han desaparecido». «Una cosa es que un niño tenga unos síntomas y nosotros lo atendemos, observamos si efectivamente puede tratarse de coronavirus y le remitimos a unas pruebas o a un tratamiento, pero una vez salgan los resultados nosotros no somos los responsables de rastrear contactos», sentencia. La preocupación de muchas familias por la vuelta al cole amenazaba a los centros de salud con la posibilidad de un alud de peticiones de exenciones que liberaran a los más pequeños de ir a clase por motivos de enfermedad, unos certificados que, sin embargo, no tendrán que ser emitidos por los médicos. «Nos anticipamos a que no nos solicitaran esas exenciones», explica Luis Blesa, presidente de la Sociedad Valenciana de Pediatría. Las nuevas instrucciones publicadas por la Conselleria de Sanitat para evitar el colapso de la Atención Primaria tras un verano complicado en los centros de salud quitaba papeleo a los médicos de familia eliminando la obligación de certificar los permisos de conducir, de armas, de riesgos laborales ni justificantes sobre la ausencia de alumnos para saltarse las clases. «Antes de empezar el curso vinieron familias pidiendo que firmáramos bajas para que los hijos no fueran a clase», indica el vicesecretario del Colegio Oficial de Médicos de València, Antonio Monrabal.

Sin embargo, según explica, la nueva normativa deja en manos de las familias la justificación ante la escuela de la ausencia del alumno. «Es el padre o la madre el que firmará que no va porque se encuentra mal igual que lo haría si el niño o la niña no va porque se van de viaje», añade. Así, asegura que los únicos a los que se les dará una baja médica será a «aquellos que padezcan enfermedades crónicas y que están descompensadas y sólo durante el tiempo en el que estén descompensadas». Monrabal se refiere, por ejemplo, a un menor con diabetes que podría faltar con baja médica durante el tiempo en que la insulina o la glucosa se encontrase en niveles peligrosos para la salud. «Los niños deben ir al colegio», sentencia.

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