Una ola de frío, lluvias generales e intensas y no sé cuántas «alertas» por viento, podría ser el balance meteorológico de los últimos días en nuestro país. Lo digo en condicional porque, en realidad, ninguno de esos fenómenos ha sucedido, pero sí se han nombrado en unos cuantos ‘cantares de gesta’ publicados en ciertos medios de comunicación. De un tiempo a esta parte, la información meteorológica está mostrando una tendencia creciente a utilizar de forma incorrecta el nombre de los fenómenos, y esto ocurre siempre en la misma dirección, hacia la exageración. Con la irrupción de los móviles y las tabletas como medio estrella para acceder a las noticias de última hora (vía Google), los redactores y editores cada día tienen que esforzarse para colocar bien las publicaciones en los buscadores y además sobresalir, utilizando siempre un titular que sirva de gancho. La solución a esta encrucijada debe ser en contrar en un hipotético episodio el fenómeno más destacable o sorprendente, pero siempre en base a lo que realmente va a suceder.

Esto supone ir a las fuentes de información correctas y tener unos conocimientos básicos sobre cómo se elabora una predicción meteorológica, además de estar comprometido con un par de cosas más abstractas e indispensables, como son la ética y el rigor. Los periodistas siempre han buscado el impacto, pero en los últimos tiempos además hay una afinidad especial con la información-espectáculo donde las borrascas, ciclogénesis explosivas, danas o huracanes tienen un potencial excepcional. El descenso de temperaturas de los últimos días que hemos experimentado en la Península Ibérica y Baleares ha sido anómalo por las fechas que corren, pero obviamente no ha supuesto una ‘ola de frío’. No se puede llamar ‘ola’ a cualquier irrupción de aire ajeno a nuestra latitud, bien venga del norte (polar) o del sur (tropical). Este concepto se tiene que reservar para episodios realmente extremos, atendiendo a los criterios que en España expone la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Como diría la gran Rocío Jurado, se nos va a romper de tanto usarlo. También es digno de estudio el radio de acción que se atribuye a los ciclones. El pasado viernes parecía que la borrasca Odette iba a entrar hasta las entrañas de la Península cuando, en realidad, estaba en el Canal de la Mancha. Aquí llegó alguno de sus frentes asociados y fue su interacción con el anticiclón azoriano la causa del fuerte viento. Este último, por cierto, obligó a activar avisos en muchas zonas de la Península, no alertas. Pero claro, «una ola de frío arrastrada por la borrasca Odette, con un vendaval poniendo en alerta a media España…» era la epopeya perfecta.