«Abrid los brazos, así, así, con las palmas de las manos estiradas, que se vea la distancia de seguridad». Con un metro y medio entre asistentes y frente a las puertas de las Corts, la lectura de un manifiesto se convirtió ayer en la nueva manifestación vespertina del Nou d’Octubre, algo así como la nueva normalidad que tiene de habitual lo que se repita durante dos días y de nueva lo que aguante el adjetivo.

El máximo recorrido oficial que hubo fue, además de los movimientos para declarar ante la prensa, el de Toni Gisbert, secretario general de Acció Cultural del País Valencià y portavoz de la Comissió 9 d’Octubre, para organizar las tres filas, repartir los folios reivindicativos e ir a por el micrófono para leer un manifiesto que se apoyaba en cada una de las tres frases que sobresalían en rojo sobre el blanco papel: Autogovern, Igualtat Lingüística i Finançament just.

Y más allá de que hay nuevas normalidades que viven más de repeticiones que de novedades como la exigencia de un cambio de modelo de financiación que deje de discriminar a la Comunitat Valenciano, algo que todavía parece tan lejos como salir a la calle sin mascarilla, la realidad deja sorpresas como que el manifiesto cuente con críticas a un gobierno (el de España) del que forman parte dos de los partidos firmantes, Esquerra Unida y Podem, que se suman (como es habitual) a sindicatos como CC OO o Intersindical u otras organizaciones como Tirant Lo Blanc o Escola Valenciana.

«Hemos visto despliegues policíacos y militares sin utilidad sanitaria, invasión de competencias autonómicas no justificadas, desaparición de lenguas cooficiales de las comunicaciones sanitarias», señala el texto leído por Gisbert como una de las consecuencias de la pandemia además de la pérdida de vidas y el daño económico. «Rechazamos las tentaciones de continuar invadiendo competencias», marcaba el último párrafo. Fue él mismo quien, en declaraciones posteriores, ahondó más al señalar que el Gobierno de España «tuvo iniciativas que erosionaron el autogobierno valenciano» y que al ser la gestión valenciana mejor que la del Gobierno central «no respetar el autogobierno ha tenido consecuencias en la vida de los valencianos».

En la misma concentración estaba la coordinadora general de Podem, Pilar Lima, quien preguntada al respecto rebajó cualquier crítica con un «no diría que hubo sensación de invasión», la dirigió hacia un «mejorar la coordinación» y aprovechó para valorar que el Botànic ha sido «referente de gestión».

Previamente, su homóloga en Compromís, Águeda Micó, reclamó de nuevo la financiación, reivindicó «los derechos de los valencianos» y una salida social de la crisis. Así, con esa sensación de las repeticiones, los aplausos cerraron el círculo y todo acabó donde empezó.

La Comissió insiste en una ley de Igualdad Lingüística

Además de recordar a las víctimas de la pandemia y reconocer el trabajo de personal sanitario y servicios esenciales, la Comissió 9 d’Octubre (que incluye a sindicatos, asociaciones y partidos cercanos al nacionalismo valencianista) reivindicó la necesidad de una Ley de Igualdad Lingüística. Lo hizo reclamando «respeto» por la «lengua oficial» de la Comunitat Valenciana. Además, pidieron el «fin de la censura de TV3», la plena participación en el Institut Ramon Llull y la «no discriminación del valenciano en las comunicaciones oficiales, institucionales, administrativas y sanitarias».