Tanto las autoridades universitarias como sanitarias quieren evitar un nuevo caso como el del Galileo Galilei. El brote del colegio mayor de València no ha sido el único en residencias estudiantiles, pero sí el primero con datos masivos y el que propició el primer cierre de un campus desde el regreso a las clases, por ello, su situación y la de los 131 positivos que dejó el foco en las instalaciones (del que ya están totalmente recuperados) otea sobre el horizonte.

Tras la reunión de ayer entre el ministro de Universidades, Manuel Castells, el de Sanidad, Salvador Illa, y los consejeros del ramo de las autonomías, una de las líneas en las que Castells se apoyó es la de buscar un «ocio alternativo» a las fiestas y reuniones sociales. Así, llamó a la participación de los jóvenes en el «desarrollar fórmulas de ocio alternativo y la coordinación entre universidades, estudiantes y autoridades para que juntos paremos la pandemia a las puertas d ela universidad».

La teoría desde las Administraciones (tanto estatales como autonómicas y que avalan los datos) es que el problema de los contagios entre jóvenes no se da en las aulas sino fuera de ellas. Y es ahí donde desde Universidades y Sanidad quieren incidir.

En palabras del ministro, «las aulas son seguras» y los «incidentes» que ocurren «a veces» se dan «en entornos que no son estrictamente donde se desarrolla la enseñanza». Estos entornos cuentan con la dificultad añadida de que suelen ser espacios privados y que se escapan a la regulación de la universidad.

Un ejemplo es el del propio Galileo Galilei. El colegio mayor, por mucho que ocupe un lugar dentro del campus de la Politècnica de València, es una empresa privada con sus propias normas internas, su propio código de conducta y que se escurre de cualquier restricción y control por parte de las universidades. Los únicos límites (además de los de las instalaciones) son, como se está viendo con la investigación a 40 estudiantes de la residencia, los de cualquier ámbito privado: identificación por parte de la Policía y multa administrativa por el incumplimiento de leyes contra las medidas de prevención de la covid-19.

Llamamiento

Sin embargo, y a pesar de la llamada a un «ocio alternativo», el ministro quiso ayer remarcar que, por una parte, «el protocolo está funcionando» al poder controlarse estos brotes; mientras que, por otra, pidió que no se asimilara con que todos los jóvenes son universitarios ni todos los universitarios «tienen actividades no necesariamente compatibles con la buena salud pública».

Asimismo, también aprovechó para expresar una de las quejas del alumnado que señalan que en algunas localidades «las universidades han tenido que cerrar por imposición administrativa algunas facultades y en cambio no se han cerrado los bares que había al lado», una medida que no favorece a la búsqueda del «ocio alternativo» que pide el ministro.