El humo de los voraces incendios de California ‘cruza el charco’, el Ártico está en un impás insólito, con el mar de Laptev casi libre de hielo en estas fechas, y además estamos viviendo el quinquenio más cálido desde que existen registros. Estos fueron algunos de los titulares que aparecieron en los medios de comunicación el pasado sábado, que acogió el Día Internacional contra el Cambio Climático. Se trata de una conmemoración instaurada por Naciones Unidas que busca precisamente eso, subrayar por unas horas uno de nuestros problemas más acuciantes: la crisis climática. Cada una de estas noticias tuvo sus partidarios y detractores, cuyas opiniones hoy trascienden más allá del apartado dedicado a los comentarios bajo el texto, saltando a las redes sociales y alimentando a unos particulares lobbies. Hubo uno especialmente activo, el que agrupa a los escépticos sobre el calentamiento global de origen humano. El incremento de la temperatura global resulta más que evidente, eso queda fuera de debate. Las voces disidentes aparecen cuando hablamos de datos pasados, del detonante y de las consecuencias. Los estudios del cambio climático se apoyan en series de datos que son cortas, en tanto que no hubo una red de observación fiable hasta bien adentrado el siglo XIX. Sin embargo, hay otros métodos para cifrar el clima del pasado, por ejemplo a partir de núcleos de hielo extraídos de Groenlandia, las esporas o la dendrocronología, esta última basada en los anillos de crecimiento de los árboles. También se puede recurrir a notas y escritos históricos para estimar de qué pie cojeaba el clima. Con todo esto, sabemos que las temperaturas siempre han fluctuado, pero en un entorno sin gases de efecto invernadero galopantes como el actual, fruto de la actividad humana, que estimulan el calentamiento. Podemos hablar sobre si estos últimos son la causa única o además hay una inercia natural, el problema es cuando ya se pasa al terreno de la conspiración y del supuesto mercadeo del miedo. Se ven afirmaciones como «vendéis terror para llenaros los bolsillos», cuando se lanzan noticias rigurosas y con corrección científica. Las noticias sobre el cambio climático no tienen gran acogida desde hace cerca de una década. En este lapso, la búsqueda de información referente al calentamiento global ha ido cayendo hasta tener un público bastante residual. Entre los años 2004 y 2009 sí que tuvo una época dorada, pero allá por 2010 hubo un ‘click’ en el inconsciente colectivo, quizás debido a la saturación o ciertas proyecciones incumplidas, que reventó gran parte del interés. Actualmente, yo concibo estos textos como un ‘servicio público’ para no bajar la guardia ante fenómenos meteorológicos cada vez más extremos. Salen rentables en términos humanos, de sostenibilidad y respeto al entorno. A mí me compensa.