El «vuelve a casa, vuelve por Navidad» será este año una melodía que muchos valencianos no se podrán aplicar. Como mucho con el turrón. Quizás el villancico deba ser más «25 de diciembre, Zoom, Zoom, Zoom» en referencia a la plataforma de videollamadas. La situación pandémica traerá unas fiestas anómalas con mesas con aforo reducido y muchas felicitaciones, besos y abrazos telemáticos. La exigencia de una PCR para entrar en España, las cuarentenas de regreso en algunos países o las cenas en petit comité frenan el retorno a casa por mucho que el calendario haga de atracción.

Javier Naranjo arranca su relato con un «hace un mes y medio estábamos convencidos de que íbamos a volver». Sin embargo, las cosas se fueron torciendo. «Cuando empezaron a subir los contagios en España, comenzamos a dudar y, conforme se ha ido acercando la fecha, hemos ido optando cada vez más por quedarnos aquí». Su aquí es Dublín donde trabaja de informático desde el año pasado.

Su decisión se ha ido motivando con el tiempo y las medidas que limitaban los encuentros sociales. «Todo ha ido llevando a la dirección de quedarnos, entre que en Nochebuena solo podíamos estar seis personas, el toque de queda, que no podíamos quedar con los amigos igual que podías quedar en verano por miedo a contagiar a tus padres,... no tiene sentido», explica el joven.

En su caso, «la PCR influye, es otra piedra más, pero no la definitiva». «Económicamente nos lo podemos permitir, pero es verdad que tiene su inconveniente porque se necesita una prueba 72 horas antes con resultado negativo y no es fácil conseguirlo». Eso sí, asegura que no es «por falta de ganas»: «Voy a echar de menos ver a la familia, a mi sobrino que hace mucho tiempo que no lo veo, quedar con los amigos y la comida. Ya soñaba con traerme jamón envasado». Su vista, sin embargo, está puesta en viajar el próximo mes de marzo como compensación.

Andrea Vallés también tiene ya la previsión de viajar entre febrero y marzo de vuelta, rechazando volar durante las festividades invernales. «Sé que muchos amigos míos van a viajar en esas fechas y quiero evitar el boom de gente viajando y, como esta va a ser una Navidad rara, no sé, prefiero quedarme e ir a València para el cumpleaños de mi madre y mi abuela», justifica desde Amsterdam, donde trabaja como investigadora en el UMC Cancer Center. En su caso, la extrañeza se convierte en novedad: «Estas serán las primeras navidades que voy a pasar fuera de mi casa», confiesa.

El problema de la PCR

Además de evitar coincidir con los grandes movimientos de viajeros que se suelen dar en esta época, Andrea cuenta que, si va a València, «como mucho van a ser dos semanas las que pueda estar allí visitando a la familia y a amigos». «Además de hacerme el test al llegar, tendré que hacer cuarentena al volver a Amsterdam y eso me parte mucho a nivel laboral porque tengo que ir al laboratorio a trabajar y es un problema», añade.

Para Noelia Martínez el pago de la PCR es el principal problema y se quedará en Londres. Cuenta que podría volver a Xirivella porque tiene vacaciones en el colegio donde trabaja y una PCR negativa al regresar a Reino Unido le convalidaría la cuarentena de 15 días. Sin embargo, la necesidad de pagar dos tests, uno a la ida y otro a la vuelta, supone «muchísimo dinero». «Ya me he hecho la idea de quedarme aquí», asevera.

La joven de 32 años critica que se utilice la petición de estas pruebas «como un negocio» porque saben «que condicionan de esa manera la posibilidad de volver con la familia y de viajar de regreso a los países de origen aunque sea por un tiempo». «Me parece fatal, una barbaridad. Estoy bastante cabreada en ese sentido», se queja Noelia.

A Elías Iznardo ya le tocó hacer cuarentena en el mes de septiembre en Edimburgo tras pasar unos días en la Font d’En Carrós. «En septiembre estuve dos semanas de aislamiento después de estar cinco días en casa», explica. Su empleo en un centro de personas de la tercera edad le impide el teletrabajo por lo que esta tarea ha influido en la decisión de quedarse. También, explica, lo hace por la incertidumbre. «No veo que haya un plan claro para Navidad, ¿qué situación me voy a encontrar si voy? Prefiero quedarme», relata desde Escocia.

También el precio «disparado» de las pruebas de PCR de cerca de 200 euros ha cimentado su decisión. «No sé si me renta ir para estar encerrado por tres o cuatro días. Claro que es Navidad, pero es un año diferente», afirma. Precisamente ese año especial, «difícil», hace que «hubiera sido muy de agradecer estar con las personas que quiero» e incluso estaba pensando en llevar a su madre a Escocia. «Pero no lo sé todavía», dice. Lo que sí parece que está claro es que esta Navidad «tocará pasarla con videollamadas».