Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Sonidos de un protocolo con mascarilla

Las escaleras del Mercat Central se convierten en una pequeña grada desde la que saludar el paso de la reina Letizia

El president de la Generalitat, Ximo Puig, recibe a la reina Letizia a las puertas de la Lonja de la Seda de València, ayer, con motivo de la entrega de los Premios Jaume I.  | M.A.MONTESINOS

El president de la Generalitat, Ximo Puig, recibe a la reina Letizia a las puertas de la Lonja de la Seda de València, ayer, con motivo de la entrega de los Premios Jaume I. | M.A.MONTESINOS

La vida no suena igual con mascarilla. Por mucho que se quiera y se esfuerce, el «viva la reina» no queda todo lo potente que se puede llegar a pronunciar si no hay una tela frenando la proyección vocal. Los entornos de la Llotja de València amanecieron engalanados con las vallas vestidas con faldas largas de seda rojo, acorde con el color corporativo de los Premios Rei Jaume I que se entregaban dentro, a los que se unió la alfombra a juego de rigor porque no hay color que luzca más como camino.

El ambiente quedó azulgrana con el despliegue policial que hora y media antes del acto probaba si un dron podía echar un cable como vigilancia aérea. De hecho, hubo momentos, muchos, con más policía que expectación. «¿Qué pasa aquí? ¿Van a hacer un espectáculo?», se preguntaban algunos viandantes a los que la decoración y el «no se paren, por favor» uniformado sorprendían casi tanto como ver coches parados en el centro de la ciudad.

En estos casos, suele mover más la curiosidad que la organización y las escaleras del Mercat Central se convirtieron en un pequeño graderío desde el que divisar la llegada oficial. Parecen de otro momento aquellos tiempos en los que cada visita real suponía programar un dueto entre los que acudían a recordar bellezas, lanzar vítores y mostrar lealtades y los que iban con instrumentos de viento en forma de silbato, banderas tricolor y pancartas reivindicativas.

La Policía Nacional realiza un despliegue importante para garantizar la seguridad del acto, ayer. | M.A. MONTESINOS

Para que se oyeran los aplausos, que se escucharon aunque la mayoría de manos estuvieran sobre los móviles para inmortalizar el momento, hubo de esperar a la salida, prácticamente dos horas después de la llegada cuando todavía quedaban carritos de tela aguardando el momento. Ahí algún «viva España» y «qué guapa la reina» sobresalía entre voces mayoritariamente femeninas y con cuerdas con años de experiencia.

Antes, eran la dolçaina y el tabal los que daban ritmo a la espera amenizada por el tropiezo del naviero Vicente Boluda a las puertas de la recepción. Llegada de la reina y mano al pecho del president Ximo Puig sustituyendo cualquier amago de dar el codo. Y qué más da cómo fuera vestida la representante de la Casa Real más allá de que llevaba la mascarilla quirúrgica a juego con el jefe del Consell y el alcalde de València, pero no con el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, quien apostó por la tela azul con bandera de España.

Recibió de pie a la comitiva arriba de las escaleras el profesor Santiago Grisolía quien minutos antes había pedido que le dejaran el sombrero y el bastón en su asiento. Violín, viola, violonchelo y contrabajo marcaron los primeros pasos con el himno de la Comunitat y España con los que también se cerró el evento. Instantes después, una voz pedía abandonar el salón «a la mayor brevedad posible por motivos sanitarios». Y la reina se fue, con saludo incluido al mercado.

Para continuar leyendo, suscríbete al acceso de contenidos web

¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión aquí

Y para los que quieren más, nuestras otras opciones de suscripción

Compartir el artículo

stats