Los turbios presagios que tenía la hostelería de cara a los días de Nochebuena y Navidad tras constatar el empeoramiento de la pandemia y el anuncio de nuevas restricciones se confirmaron ayer. En un contexto de grave incidencia del virus en la Comunitat Valenciana y con fuertes medidas sanitarias para intentar contener su transmisión, los bares, restaurantes y locales de ocio reconvertidos a diurnos han pagado las consecuencias con una escasa afluencia tanto el jueves como ayer viernes. Según representantes del sector, entre ambas jornadas se ha registrado un descenso de actividad del 50 %, porcentaje que se agrava en el caso de los pubs.

Desde la Coordinadora de Hostelería de Barrios de València apuntaban ayer que tanto en Nochebuena como en Navidad, jornadas que solían tener un «gran impacto» en el sector y en las que se venía detectando que los restaurantes «cada vez acogían más comidas» que se trasladaban de casas particulares a estos locales, la apertura «ha estado limitada mayoritariamente a la sobremesa» y hasta las 20.00 horas, momento en el que los clientes comienzan a «desplazarse de vuelta a sus hogares», remarcaba ayer su portavoz Vicente Pizcueta.

Un grupo de seis personas celebra la comida de Navidad. | LEVANTE-EMV

Algunos propietarios de establecimientos que se lanzaron a abrir estas dos jornadas por primera vez por la necesidad de liquidez tras un año trágico confirmaban ayer que el «experimento» no fue demasiado bien. Es el caso de Héctor Nacher, dueño de Pan de Azúcar, que levantó su persiana para ofrecer comidas en Nochebuena. «Estuvo muy, muy tranquilo», comentaba resignado en declaraciones a este diario. Ayer optó por abrir a las 18.00 horas, pero no podía ocultar su poca esperanza en hacer una buena caja, ya que su local no es «especialista» en copas, lo «único que puede funcionar en días así» porque «triunfa entre los más jóvenes», según Nacher.

Un tercio menos

Jorge, dueño de Tributo Brasas Bar, sí que es un habitual de los días 24 y 25 de diciembre. Su establecimiento dio servicio de comida ambos días, con desigual éxito. El mediodía de Nochebuena fue «muy flojo» y el de ayer estuvo «lleno». Pero el «lleno» actual nada tiene que ver con el de hace un año, remarca. «Tenerlo lleno ahora es tener a 30 personas, cuando de normal entran 90», matiza. Igualmente, asegura haber detectado mucha menos demanda de cara a esta Navidad marcada por la pandemia. «Normalmente en octubre ya tengo todo reservado y este año he estado aceptando reservas hasta la semana pasada», lamenta.

Además del freno que suponen las restricciones actuales como el toque de queda o la limitación de aforos y comensales, los dos propietarios coinciden en otro factor clave, el «miedo» que se respira. «La gente está asustada y psicológicamente afectada. Ya no sé si es la amenaza de la tercera ola, la nueva cepa, las restricciones...», señala Nacher. Jorge añade que «las limitaciones reducen la afluencia, pero la gente además tiene pavor a los espacios interiores», algo que se ha traducido en una mayor demanda de terrazas también estos días, en los que «al menos» el tiempo «acompaña».