El incendio de un bajo comercial de la calle peatonal Roger de Flor, en pleno centro de València, en el que falleció hace casi un mes un hombre y resultó intoxicada la mujer que estaba con él en ese momento, no fue intencionado, sino fruto de un accidente. Así se lo han comunicado al juzgado los agentes de la Policía Científica especializados en investigación de incendios, quienes han concluido que el bajo ardió por un fallo eléctrico, descartando así las sospechas iniciales de criminalidad.

El incendio se declaró pasadas las nueve y media de la mañana del viernes, 4 de diciembre, en el interior de un bajo comercial que llevaba un tiempo en desuso y que utilizaba como vivienda su único morador, un hombre de 45 años. En ese momento, estaba con él una joven que había pasado allí la noche y que consiguió salir a tiempo, por lo que salvó la vida. Menos fortuna tuvo el dueño del establecimiento, que pereció ese mismo día, poco después de ingresar en el Hospital La Fe de València.

Según la investigación llevada a cabo por la Policía Nacional, a partir del testimonio de la chica superviviente y de otras declaraciones de testigos del hecho, fue ella quien se dio cuenta del fuego al despertarse y ver las llamas. Tras alertar al hombre, buscó a tientas la salida y alcanzó una de las ventanas.

La joven aseguró a la Policía que, en ese momento, el hombre iba tras ella, por lo que la chica dio por sentado que iban a salir a la vez. La mujer forzó como pudo la persiana y, con la ayuda de varias personas que la auxiliaron desde la calle, pudo finalmente escapar y alcanzar la calle. El calor acumulado en ese momento dentro del local era tal, que la chica sufrió quemaduras en las manos ocasionadas al tocar y empujar desesperadamente la persiana metálica para lograr salir del bajo.

Al ver que le hombre no salía, pidió a gritos que alguien fuera a buscarle, pero ya era demasiado tarde, porque las llamaradas hacían imposible entrar en el local sin perder la vida en esa acción. Según contó la joven, el hombre la seguía hacia la salida pero, de pronto, decidió darse la vuelta.

Aunque la razón de ese cambio, que acabó constándole la vida, no está clara, todo apunta a que se mareó por la inhalación de humo y, sintiéndose desorientado e inseguro, trató de volver sobre sus pasos para buscar refugio o tal vez la salida. El caso es que el hecho de volver hacia el interior del local, completamente inundado de un denso humo negro, hizo que respirase parte de ese monóxido de carbono, que le provocó, primero la pérdida de consciencia, y, finalmente, la muerte por asfixia.

Aunque desde el principio los bomberos amparaban la tesis de que se trataba de un incendio accidental, diversos testimonios recibidos por la Policía Nacional, que ponían en entredicho la versión de la chica, llevaron a abrir una investigación para determinar el origen real del fuego, lo que determinaría el resto de las pesquisas.

Así, una vez que el recinto se enfrió por completo, accedieron al interior los especialistas en investigación de incendios de la Policía Científica, quienes, tras la pertinente inspección, confirmaron, por un lado, la ausencia de sustancias acelerantes, típicas en los incendios provocados intencionadamente, y por otro, que la causa inicial fue una sobrecarga eléctrica derivada de deficiencias en la instalación, lo que descarta por completo que el origen fuese de tipo homicida.