El invierno trae cambios meteorológicos importantes. Esta es la época del año donde los amaneceres fríos y gélidos vendrán acompañados de estampas maravillosas decoradas con fenómenos atmosféricos típicos de estas fechas. Aparecerá la nieve y sus variantes, las nieblas y neblinas, y las heladas matinales, entre otras muchas cosas. 

Numerosas veces, una buena combinación de ingredientes puede hacer que ocurran cosas inesperadas, y que amanezcamos con las ciudades y pueblos cubiertos de nieve. Este blanco meteoro nos visita cuando las masas de aire frío llegan a la Península Ibérica. Está formada por minúsculas gotitas de agua que se encuentran a temperaturas muy bajas dentro de una nube. Luego, al contactar con los núcleos higroscópicos se congelan y forman esos cristales que conocemos como ‘copos de nieve’. 

También, en esta época del año es muy habitual la formación de nieblas, que son pequeñas gotas en suspensión. Las altas presiones son las culpables de que este hidrometeoro se forme con bastante normalidad. Según su formación y origen encontramos distintos tipos de niebla, aunque las más comunes son las de radiación y advección. Las primeras se forman en los valles y depresiones cuando el aire que está en contacto con el suelo se enfría y condensa la humedad disponible; las de advección, en cambio, aparecen sobre todo en otoño y primavera en el mar, cuando una masa de aire cálido se mueve sobre aguas frescas. 

Como ya hablé en una de mis publicaciones anteriores, la escarcha, el rocío blanco y la cencellada son hidrometeoros que también suelen formarse en las temporadas anticiclónicas invernales. La primera aparece fundamentalmente durante la noche, cuando el aire frío desciende y comienza a enfriarse junto con la superficie. En este caso, la humedad relativa tiene que ser superior a 60 % y la temperatura de la superficie inferior a los 0 ºC. 

El rocío blanco, en cambio, aparece cuando la temperatura desciende por debajo de su punto de rocío, y luego la temperatura mínima de la noche es inferior a los 0 ºC. Por otro lado, y aunque el procedimiento es muy parecido, la cencellada aparece en escenarios con bancos de niebla. Las pequeñas gotículas están en estado de subfusión, es decir, se mantienen líquidas a pesar de estar con temperaturas inferiores a los 0 ºC; y al entrar en contacto con alguna superficie quedan atrapadas en forma de pequeños y brillantes cristales de hielo.