La mayor pena a un depredador sexual de menores en la Comunitat Valenciana. 223 años de prisión y 184 años más de libertad vigilada. Esa es la condena impuesta por la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Valencia al joven de 24 años que, aprovechando su condición de entrenador de fútbol de un equipo de l’Horta y monitor de una escuela de verano, abusó sexualmente de 26 niños de entre once y catorce años, a los que «proponía, manipulaba y presionaba» para que participaran en retos de índole sexual y orgías en grupo en las que el único adulto era él, según remarca la sentencia. No obstante, con la legislación actual y como así se recoge también en el fallo, el máximo de cumplimiento efectivo será de veinte años, por lo que José Vicente C. F. saldrá a la calle con 42 años —lleva ya dos en prisión provisional— con toda una vida por delante para demostrar si realmente existe la reinserción en delincuentes sexuales.

Según los hechos probados, entre los años 2015 y 2018 el acusado «aprovechándose de la autoridad y prestigio que tenía sobre los menores, y con la finalidad de satisfacer sus propósitos sexuales», durante los entrenamientos en un polideportivo de un municipio de l’Horta que no revela este periódico para preservar el anonimato de las víctimas, empezó a proponer a los niños —la mayoría de ellos de doce años cuando empezaron a sufrir los abusos—, a que si perdían en el juego de fútbol conocido como el ‘culet’ debían de ser «penalizados con retos de índole sexual, inventados por él», que fue imponiendo poco a poco a los menores.

El condenado también los invitaba a que acudieran a su casa, con la excusa de jugar a la Play Station, y allí los instaba a realizar dichos «retos sexuales». Según explica la sentencia, según ha quedado acreditado con los testimonios de las víctimas, «poco a poco el procesado endureció los retos a cumplir, siendo ascendentes en la exigencia sexual». Al principio el que perdía debía mostrarle el pene al resto, posteriormente dio paso a tocamientos, masturbaciones, felaciones, e incluso penetraciones anales, a lo que se referían como «reto máximo».

La sentencia argumenta que los menores «no emitieron un consentimiento voluntario a participar en las orgías ni en los actos sexuales privados con el ahora condenado, sino que aceptaban bajo la presión psicológica de éste». Por un lado, para no sentirse excluidos del grupo, algo especialmente importante a esas edades infantiles. Y por el otro, para evitar la humillación de ser llamados «mierda» o «cagao» si no querían hacer los retos sexuales, como así declararon varias de las víctimas durante el juicio.

La sentencia declara probado que José Vicente C. F., de 24 años, se aprovechó de su labor como entrenador o auxiliar de entrenadores de un club de fútbol de l’Horta, así como de su trabajo como monitor titulado de una escuela de verano, «con la autoridad que ello entrañaba ante los menores», así como «del prestigio añadido del que gozaba en su localidad como estudiante modelo e hijo de una buena familia», para entablar amistad con varios grupos de menores aficionados al fútbol «ganándose el respeto, la cercanía y la confianza de dichos menores y también de sus padres».

Gracias a ello los progenitores de las víctimas «no recelaban de él, de su constante presencia con los niños, o de que les acompañara en los vestuarios donde se desnudaban y duchaban, a pesar de la diferencia de edad con ellos, estableciendo con estos especiales vínculos de amistad, proximidad y confianza, pero también de ascendencia o autoridad, como adulto responsable al que los menores debían respeto y sumisión, como entrenador, monitor y organizador», aclara la sentencia.

Concretamente se le imponen 156 años de cárcel por trece delitos continuados de abuso sexual a menores de 16 años, con acceso carnal, así como 54 años por nueve delitos continuados de abuso sexual a menores, todos ellos con la circunstancia agravante de abuso de superioridad. De igual modo le impone doce años por otros cuatro delitos continuados de abuso sexual a menores. Y un año más de prisión por mostrarles material pornográfico. En concepto de responsabilidad civil deberá indemnizar con 216.720 euros a las 26 víctimas.

«Personalidad narcisista»

Respecto al supuesto «grave trastorno de inmadurez de su desarrollo mental», con el que los peritos de la defensa trataron de acreditar que el acusado no era consciente de sus actos, sino que sufría el llamado «síndrome del niño eterno o de Peter Pan», la sentencia remarca que estas alteraciones manifestadas desde muy temprana edad, no se han acreditado en el juicio. «La defensa podría haber aportado justificaciones documentadas de asistencia o tratamiento psicológico o psiquiátrico, y no existen», apostilla.

Es más, la magistrada refleja en su sentencia que el procesado tiene una «personalidad narcisista, poca capacidad para la empatía e inmadurez en el sentido de no prever adecuadamente la repercusión y responsabilidad que podría tener para él los actos realizados». Asimismo, «su conducta acredita que en absoluto ejercitó adecuadamente su papel de adulto responsable, porque no reparó en tomar a los menores como objetos al servicio de su satisfacción sexual».