La primera ola de un año catastrófico no llegó en la Marina Alta con la pandemia. Fue una ola (una detrás de otra y todas devastadoras) literal. La borrasca Gloria desfiguró en enero toda la costa de la comarca. Destrozó paseos marítimos en Calp y Xàbia. Arrasó el puerto deportivo de Benissa. Y causó un monumental estropicio en negocios y casas de primera línea. En la playa de les Deveses de Dénia todavía quedan escombros y ruinas.

Tras el temporal no llegó, ni mucho menos, la calma. El verano fue extraño. Cambió el perfil del turista. Los bañistas acudían en tropel a pasar el día. Y madrugaban. Las calas, este año con límite de aforo, se llenaban en un santiamén. El debate de la masificación turística ya no se puede rehuir.