A principios de 2019, el término ERTE apenas se conocía en la calle. Hoy, doces meses y una pandemia después, es una de las palabras estrella del año. La crisis del coronavirus obligó a detener el mundo durante varias semanas y la actividad económica se congeló. Para evitar una lluvia de despidos, el Gobierno diseñó una fórmula mediante la cual liberaba al empresario del pago de parte de las nóminas a cambio del compromiso de no recortar su plantilla en los siguientes seis meses. Casi medio millón de trabajadores valencianos se han visto afectados por estos expedientes de regulación temporal de empleo, que pese a su éxito no han logrado evitar la pérdida de 67.400 puestos de trabajo en la Comunitat Valenciana.

Se mire por donde se mire, no existe un ejercicio comparable con los desplomes registrados por todos los indicadores económicos. La «recuperación en V» de la que se hablaba en un inicio se diluyó conforme la pandemia persistía. El fondo se tocó en el segundo trimestre, tras la época de mayor dureza del confinamiento y después de que el Gobierno ordenara parar en abril cualquier actividad «no esencial». Como consecuencia, el PIB se hundió un 18,5 % respecto al primer trimestre, empujado por un consumo y una demanada a cero.

Otro instrumento clave para la supervivencia del tejido empresarial fueron los créditos ICO, otro mecanismo activado desde Moncloa para facilitar el acceso al crédito de las compañías a bajo coste y avalados por el Estado. Solo en la Comunitat Valenciana y hasta el mes de octubre, más de 60.000 mercantiles recurrieron a este balón de oxígeno. El montante total ascendió hasta rondar los 11.000 millones, casi la mitad del presupuesto autonómico de 2019.

Pese a lo transversal de la crisis, desde su inicio se detectaban los sectores más afectados por un virus que ha condenado a cualquier negocio basado en la movilidad y en la interacción social. En definitiva, al sector turístico y a todo subsector que se beneficiara de la buena salud de la que gozaba en la Comunitat Valenciana.

El aeropuerto de Manises es un buen termómetro. En 2020 han circulado 2 millones de viajeros cuando en 2019 fueron 8,5 millonres. Como consecuencia, las aerolíneas han sufrido graves problemas de liquidez y la valenciana Air Nostrum ha tenido que acogerse a los ERTE e incluso plantear recortes de sueldo y reducción de su flota.

Ford ha sido otra industria muy afectada y el Brexit ha agravado su capacidad exportadora en un momento crítico del sector. Han sido seis ERTE en un año en el que ha producido 100.000 coches menos y en el que solo el futuro del motor híbrido aporta algo de esperanzas.

La hostelería también ha pagado un alto precio por los efectos de las restricciones, mientras otros sectores como el textil aprovecharon la crisis para reconvertirse y fabricar material sanitario.