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El cierre de bares deja con poco margen de acción a los comercios

Los grandes centros, que ayer también abrieron, aguantaron mejor el tirón

Los centros comerciales tuvieron más animación que las tiendas de calle en el domingo de rebajas.  | LEVANTE-EMV

Los centros comerciales tuvieron más animación que las tiendas de calle en el domingo de rebajas. | LEVANTE-EMV

La combinación de comprar y consumir sólo pudo hacerse hasta las 17 horas. | LEVANTE-EMV

Inusual, irregular e insólito el fin de semana de rebajas. El sábado y el domingo llamados a que el público hormigueara por la ciudad dejó unas estampas mucho menos animadas, especialmente en determinadas zonas. Convergen el agotamiento de un modelo, la pandemia y el mal tiempo. De tal manera que los comerciantes extraen conclusiones que son, en el mejor de los casos, mejorables.

«La reducción del aforo es muy mala para nosotros. Y cerrar la hostelería a las cinco de la tarde es dejarnos sin una parte esencial de nuestra forma de ser». Así lo resumía el presidente de la Confederación de Comercio (Confecomerç), Rafael Torres. «La consecuencia es que la animación, en general, ha sido muy escasa».

Pocos o ningún factor a favor. «Antes incluso de la pandemia, el concepto de rebajas ya no responde a lo que era en su momento: liberar stock para incorporar nuevo. Y este año aún menos porque se ha hecho toda suerte de ofertas y descuentos para llamar la atención. Pero ahora tenemos problemas muy graves». Como el del aforo. «Es que, a estas alturas, no hay ningún indicativo que precise que los comercios han generado contagios. Y si pasas del 50 % del aforo al 30 %, estás cruzando ya la línea de la viabilidad. Para el pequeño comercio es gravísimo. El daño que se hace a los negocios no está compensado con la seguridad sanitaria que pueda provocar esa reducción. Entre otras cosas, como digo, porque no se ha demostrado que en las tiendas pequeñas y medianas se hayan generado focos», afirma. Añádase a esto la ausencia de espacios para consumir comida y bebida. «Lo hemos notado en que a partir de las cinco de la tarde estaba prácticamente finiquitado el día. Han sido tardes completamente deshinchadas». La hostelería es la que sufre las restricciones porque se considera que las reuniones y el hecho de quitarse las mascarillas son factores de riesgo: «Pero a la simbiosis con el comercio, literalmente lo echa a perder». «El Plan», tan habitual, especialmente en la ciudad de València un sábado.

Los comerciantes añaden los factores espirituales relacionados con la pandemia: «Ves a la gente con temor. Con preguntarse si van a perimetrar, si van a confinar... eso añade incertidumbre económica. Y, a la hora de comprar, se nota para mal». Rafael Torres consideraba que «las perspectivas que tenemos, en ese sentido, son verdaderamente sombrías. Las grandes superficies, seguramente, lo sufrirán menos, pero para nosotros es especialmente grave».

Y parece cierto porque las grandes superficies abrieron ayer y tuvieron, como recintos además cerrados y al abrigo, una animación que, por ejemplo, reconocía aceptable el responsable de relaciones públicas de Nuevo Centro, David Mazcuñán. Aunque como aceptable considera «que podría haber un 25 % menos de gente que el año pasado por estas fechas». Estos grandes centros también tienen restricciones. «Nosotros tenemos un sistema de conteo y estamos siempre pendientes de que se guarden las distancias», afirma.

Lo que sí que ha detectado es que «las visitas han sido más rápidas. Antes había tiendas, espacios para tomar algo y animación. Ahora, lo que sí que notamos es que las visitas son más rápidas, más de ir a lo que se quiere comprar. A partir de una determinada hora no se puede hacer otra cosa». Este fin de semana sí que, consideraba, en estos centros ha influido «el frío, que ha dejado a la gente en casa».

Las realidades son cambiantes, pero en lo que ambos coincidían es en que «más restricciones pueden hacerle mucho daño a los comercios».

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