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La vida a doce bajo cero en Sinarcas

El temporal deja medio metro de nieve en zonas de Requena-Utiel y Los Serranos. Las clases se suspenden por el peligro del hielo en la carretera, pero no hay problemas de abastecimiento. "Estamos confinados, la nieve ha sido un regalo"

La vida a doce bajo cero en Sinarcas

La vida a doce bajo cero en Sinarcas Fernando Bustamante

Madrid ha acaparado las imágenes de todos los telediarios este fin de semana y lo hará durante días, a medida que la nieve se convierta en hielo y complique aún más la ya delicada situación de la capital.

Sin embargo, en la C. Valenciana, las comarcas de Requena-Utiel y La Serranía han acumulado valores de nieve superiores a los 50 centímetros de espesor. Medio metro que aún está patente en las calles de Sinarcas o Benagéber y que complican la vida de sus vecinos y vecinas. Aquí la nieve aparece cada año en cantidades inferiores, y la temperatura, como la nieve, ha marcado récord: -12 ºC la madrugada del lunes y -13 ºC la del domingo, muy por debajo de los -6 ºC que preveía Aemet para esta zona.

Esa fue la razón por la que se suspendieron las clases ayer. No tanto por la nieve, si no por las bajas temperaturas y el hielo en las carreteras. «Las calles están bastante limpias, no hay ninguna cortada, pero era peligroso que los profesores se desplazaran hasta aquí con los -12 ºC de esta mañana», declaró María José Clemente, alcaldesa de Sinarcas.

Hoy el alumnado volverá al centro que ayer se esforzaron en limpiar y despejar de nieve y hielo los operarios municipales de Emerge. Los agricultores y los ganaderos han sido indispensables para poder despejar las vías con sus tractores y su maquinaria pesada, como explica el concejal de Montes, David Vivó.

La vida a doce bajo cero en Sinarcas Fernando Bustamante

Desde el jueves quitando nieve

«Empezamos a abrir caminos el mismo jueves que empezó a nevar y desde entonces no hemos parado», señaló, y destacó la solidaridad a la hora de limpiar las calles. Ricardo Valero, de la empresa Entrenidos. tuvo que llevar su propia retroexcavadora para quitar nieve antes de que se convirtiera en hielo y que pudieran entrar los camiones a la granja de gallinas camperas donde trabaja. Primero, el que recogerá los huevos; después el de los purines y luego el de los piensos.

Demasiados vehículos en una zona prácticamente intransitable. «La nieve nos complica mucho todo, es un trabajo extra para nada», lamentó Ricardo. Todos los días se han desplazado hasta la granja como han podido, porque los animales necesitaban comer. Trabaja en Sinarcas pero es de Aliaguilla, donde los menores no irán a clase hasta mañana, como en Utiel, donde se suspendió la jornada lectiva ayer y hoy.

La vida a doce bajo cero en Sinarcas Fernando Bustamante

Mientras, Eva, Francisco y Curro paseaban por las afueras de Sinarcas, sin salir del término municipal ya que está cerrado perimetralmente. «Esta vez no ha faltado nada en el supermercado, el abastecimiento sí que ha llegado», aseguró Eva todavía recuerda la gran nevada de 2017 que les dejó sin luz varios días por la caída de la red eléctrica. Ahora, cerrados perimetralmente por la alta incidencia de la covid-19 en el municipio, considera que la nieve ha sido «un regalo, un entretenimiento para todos».

A 47 kilómetros de allí, en Benagéber, tras numerosos cortes de electricidad desde el viernes, una máquina quitanieves se encargó de limpiar a medio día las principales calles de la pequeña población. Pese a todo, una decena de empleados de Emerge se afanaban en abrir caminos en la plaza Pío XII, donde ya la nieve había mostrado su peor versión: el hielo.

Benagéber tras el temporal Filomena. Fernando Bustamante

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