Las carreteras, ferrocarriles e infraestructuras hidráulicas tienen unos ángeles de la guarda silenciosos y casi invisibles para las personas menos observadoras. Se trata de los 3.000 profesionales de mantenimiento y conservación de infraestructuras que trabajan para las 34 empresas de toda España agrupadas en la Asociación de empresas de conservación y explotación de infraestructuras (ACEX) tanto estatales, como autonómicas y de competencia provincial. Su trabajo ha sido intenso desde el jueves, cuando Filomena comenzó a teñir de blanco la Península Ibérica. «Ha sido un temporal fuerte por su intensidad, porque ha nevado donde habitualmente no nieva y en una extensión geográfica importante», explica a Levante-EMV el director general de ACEX, Pablo Sáez, un ingeniero en el ‘tajo’ del mantenimiento y conservación desde 1992.

Con el añadido de que «ha tenido un efecto multiplicador por haber nevado en Madrid y parece que lo que pasa en Madrid pasa en todo el mundo». Además de condenar al colapso a la movilidad por el diseño radial de todas las infraestructuras que pasan obligatoriamente por el centro de la península. Aunque Filomena no ha sido excepcional para los profesionales del mantenimiento y conservación de infraestructuras. «El año pasado tuvimos dos o tres temporales de este nivel», asegura Pablo Sáez. Por eso ni les pilla por sorpresa ni sin medios.

«Las predicciones meteorológicas ahora tienen una fiabilidad muy elevada. Las recibimos con siete días de antelación, que te ponen ojo avizor, a tres días y 24 horas, por lo que el nivel de error es mínimo». Y su trabajo empieza antes de que la situación se complique con «operaciones de carácter preventivo como el extendido de fundentes en la calzada para que ésta no se congele: una disolución de sal en agua, con alto nivel de saturación, que se queda en la carretera y asegura que el 100 % del producto se queda donde es necesario» frente a la sal seca que se usaba hace años y que caía fuera de la calzada por lo que la efectivad del tratamiento no estaba garantizada».

Tratamiento protocolizado

Un tratamiento que, obviamente, «no evita que nieve, ni que la nieve se quede en la calzada, lo que pretende evitar es que la nieve se hiele» y que se aplica cuando la temperatura baja los 2ºC, haya previsión de nieve o no. Si se llegan a producir las precipitaciones intensas en forma de copos, los operarios inician entonces el «tratamiento curativo: apartar la nieve y retirarla para volver a echar sal y evitar que la capita que queda se pueda congelar».

Son medidas que se recogen en el protocolo de vialidad invernal que prevé al detalle «dónde va cada máquina, donde tiene que cargar la sal, cargar las cuchillas o los recorridos que se priorizan en función de la red principal: primero grandes vías, después enlaces y vías secundarias». Y conducidas por personas que suelen conocer al dedillo la carretera porque «realizan obras de manteniemiento el resto del año».

Tampoco sufren falta de acopio de sal para el tratamiento de las infraestructuras ya que «se acopia el 100 % de las previsiones medias que va a tener la temporada. Por ejemplo, las carreteras estatales ya cuentan el 15 de noviembre con las 240.000 toneladas de sal que se prevé gastar en los seis meses de vialidad invernal.