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Análisis

La resaca catalana engrasa la maquinaria política valenciana

La derecha explora la aventura de una concentración solo útil si es a tres, mientras Puig se lanza a por el centro y un proyecto de base amplia que puede alterar la relación de Compromís y UP

ELECCIONES CATALUÑA

ELECCIONES CATALUÑA Enric Fontcuberta

2023 no está tan lejos. La próxima cita electoral valenciana incluso puede no estar tan distante si en algún momento la coalición que gobierna en España salta por los aires y Pedro Sánchez disuelve la Cámara. El panorama actual es sumamente volátil, pero si fuera el de hoy, todo es favorable para que Ximo Puig le imitara y repitiera elecciones conjuntas.

Pero eso son conjeturas. La realidad ahora es una resaca de los comicios en Cataluña que lleva a una derecha nerviosa por los resultados a mover fichas (no basta con una). Pablo Casado quiere cambiarlo todo, tirar la casa por la ventana y, en el tablero valenciano, eso pasa (de momento) por reactivar la operación de concentración conservadora: el España Suma que ya se barajó (y se frustró) durante el último gran año electoral (2019). Por ahora no se habla de cambios de cartel.

La diferencia es que Ciudadanos sí que se apunta ahora a la aventura, tras el hundimiento en Cataluña, su lugar de nacimiento. Al menos sí hay voces diversas en la dirección que la respaldan. Es una tabla de seguridad. Las siglas se diluirían, pero se salvarían diputados. A esperar tiempos mejores sin perder todos los escaños. Desde ese enfoque ya no importa bajar el listón electoral del 5 %. Incluso puede venir bien si alguien en la izquierda se estampa contra esa barrera (Unides Podem se quedó en el 7 % en 2019).

La diferencia es que la ultraderecha se distancia de la operación ahora, tras haberse engullido a los hermanos mayores en Cataluña. El afán por esa hegemonía devoró a Albert Rivera. Esas barbas pueden servir de ejemplo. Las reticencias vienen bien además a PP y Cs para sostener un espejismo de pureza. En la práctica, al PP le sirve de poco una unión a dos, porque permanecería el riesgo de que la derecha radical les acabe ganando y porque el método d’Hondt seguiría produciendo fuga de votos. En todo caso, el PP valenciano no es el catalán.

No está claro tampoco que la suma de políticos de Cs signifique de manera directa la suma de votantes de Cs a un proyecto unido con el PP. Cataluña demuestra que los exvotantes naranjas han preferido a Vox antes que al PP. Y el caso valenciano no es muy diferente en esto. La base de Cs ha sido un voto urbano que buscaba alejarse del PP de Rajoy y la corrupción.

Lo que deja la resaca catalana en la izquierda es un PSPV que se va a volcar en ganar cancha por el centro porque el 14F indica que hay votantes de Cs dispuestos a ese paso. Eso significa reforzar el perfil de moderación de Ximo Puig y alejarse de Toni Cantó. La procesión de paseos del líder de Cs por el Palau de la Generalitat es historia. El objetivo ahora son los simpatizantes, no una dirección que prefiere la carta de entenderse con el PP.

Puig aspira a cuadrar el círculo: ganar base por el centro y atraer a su vez a segmentos de la izquierda afines a Compromís y Unides Podem. Algunos movimientos se preparan a medio plazo para intentar cimentar un movimiento de base social amplia: lo que el socialismo representó en los ochenta y noventa adaptado a los nuevos tiempos.

La resaca catalana no lleva a movimientos de concentración en la izquierda gobernante porque no deja esa necesidad. Podemos, que es quien más podría necesitarlos por su proximidad a la barrera del 5 %, logra algo de calma con el óptimo resultado en Cataluña. No obstante, la puerta del entendimiento con los morados está abierta en Compromís y podría activarse ante las estrategiass del PSPV.

La buena conexión entre Mónica Oltra y Pilar Lima favorece los puentes. Sin embargo, para que fructificaran, la coalición valencianista debería romper su alianza actual con Más País e Íñigo Errejón y las reticencias históricas del Bloc a entenderse con Pablo Iglesias y viceversa. O eso o impulsar un entendimiento a tres. Parece difícil tras la cercana ruptura en el mundo morado, pero unas malas expectativas electorales pueden reconciliar a enemigos íntimos. De momento, Iglesias está en otras cosas.

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