Los bares de la Comunitat Valenciana reabrieron ayer las terrazas tras 39 días de cierre obligado por la pandemia. Los hosteleros del centro de València se muestran optimistas y convencidos de que lo peor «ya ha pasado», aunque advierten de que están al límite de sus posibilidades tras un año de crisis. La Federación de Hostelería asegura que un 60 % de los establecimientos permanece cerrado porque a sus propietarios no les compensa abrir solo hasta las 18.00 horas, aunque en la capital del Túria, según pudo comprobar este diario, ayer había más abiertos. Los clientes celebraron la recuperación de una parte de la normalidad y desafiaron al frío y a la amenaza de lluvia para tomarse unas cañas a media mañana. «Echábamos de menos vivir un poquito», aseguraba Xuxo Gutiérrez mientras apuraba una cerveza con un pincho de tortilla en un bar junto a la Lonja.

Los bares y restaurantes pueden abrir desde ayer las terrazas, con el 75 % de aforo, un máximo de cuatro personas por mesa y hasta las seis de la tarde, después de que el 21 de enero se aplicara el cierre total de estos locales, a excepción del servicio para llevar, para intentar frenar la pandemia de coronavirus. Juan Gonzalo Martínez-Herrera, propietario del bar Boatella Tapas, confiesa que están vivos de «milagro». El establecimiento abrió el 14 de marzo de 1990 frente a la entrada principal del Mercado Central y en los últimos años se había beneficiado del aluvión de turistas extranjeros. «Esto era una maravilla con los turistas que iban a la Lonja, el Mercado Central o los Santos Juanes. Teníamos alemanes, italianas, franceses y turistas de todo el mundo. Todo eso se paró en seco, pero ahora tenemos una gran cantidad de clientes locales. No hemos tenido que despedir a nadie», asegura Martínez-Herrera mientras observa su terraza en la que en ese momento no quedan mesas libres. «Hoy a las 6.30 horas estaba camino del local para abrir. Vamos a resistir. Aguantaremos a pesar de todo porque es lo que sabemos hacer. Cuando vuelva el turismo contrataré a más gente», sentencia.

Ángel Fernández, copropietario de El trocito del medio. | GERMÁN CABALLERO

Clientes

Raquel y Lucía, dos estudiantes universitarias, celebraban la reapertura de las terrazas con unas tapas. «Echábamos de menos los bares. Es algo que necesitábamos», confesaba Raquel. Alberto García, otro cliente de Boatella Tapas, aseguraba a mitad de almuerzo con un amigo: «Al llegar al bar se nos caían las lágrimas. Supone recuperar algo de la normalidad perdida».

Antonio Manuel, propietario desde hace diez años de la Taberna Antonio Manuel en la calle San Vicente, admite que lo ha pasado mal por la falta de ingresos, pero insiste en que es optimista con el futuro. «Estoy contento de reabrir la terraza porque lo estamos pasando muy mal. Los créditos ICO llegaron hasta noviembre y ahora recurrimos a la familia, pero tengo esperanza en que la normalidad va a volver», afirma. El hostelero explica que por el alquiler del local (que está a cuatro minutos a pie del Ayuntamiento de València) paga casi 8.000 euros al mes.

«Somos diez en plantilla y tengo a siete en ERTE. El cierre a las seis de la tarde me perjudica porque el grueso de nuestra facturación es por la noche. Lo bueno es que tengo bastante terraza y no dependo tanto del interior», añade Antonio Manuel. Andrés Grigoryan, propietario del Asador Flamenco en la calle d’en Llop, confía en «la vuelta del turismo en verano» como tabla de salvación. Su restaurante de tapas y platos de cocina española está muy enfocado a los turistas. «Este bar no vale nada sin turistas. Yo a la Administración no le pido ayuda, solo quiero que me dejen trabajar», advierte.

Xuxo Gutiérrez y Alberto García comparten unas tapas.

Vuelta a la normalidad

Los amigos Alejandro Bataller y Chelo Soldevila recuperaron ayer la costumbre de tomar un cortado al final de la mañana en la Cervecería Ascot en la plaza del Ayuntamiento. «Es un alivio la reapertura de los bares porque por fin podemos recobrar algo de normalidad. Yo soy de ir a un bar todos los días a tomar un café», apunta Bataller. Chelo Soldevilla añade: «Yo también soy de tomarme un café todos los días. Durante el cierre seguía pidiéndolo para llevar».

Ángel Fernández, copropietario del bar El trocito del medio junto al Mercado Central, reconoce sin dejar de preparar tazas de café que los últimos 39 días «han sido muy duros. Nosotros abrimos de seis de la mañana a cinco de la tarde. No hemos notado excesivamente la ausencia de turistas porque estamos muy enfocado a la clientela nacional. El 80 % de nuestros clientes son trabajadores de oficinas y del Mercado Central». Fernández admite que el cierre era necesario ante el descontrol de la pandemia, pero recuerda que los gastos siguen vivos.

El encargado del bar Fox, Manuel Hernández, asegura que han aprovechado el parón para «reformar el local y pintarlo». «Nosotros llevamos treinta años abiertos. Normalmente somos seis trabajadores, aunque ahora tenemos a dos en ERTE. A pesar de todo seguimos vivos. Soy optimista. Lo peor ya ha pasado. Las vacunas son nuestra esperanza, aunque soy consciente de que todavía queda algo de tiempo para recuperar la normalidad. Yo de verdad creo que en verano estará la cosa bien», señala Hernández. El responsable del bar (situado en la calle de Palafox) apunta que lo único que le pide a la Administración es que le permitan ampliar las terrazas.

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La Asociación Hostelera de Castelló (Ashocas), lamenta que «más del 50% de los bares de la provincia no pueden abrir porque no disponen de terraza o porque las medidas no les permiten que los negocios sean rentables» y reclaman a la Conselleria de Sanidad que «revise la desescalada» cada semana. En un comunicado, la asociación, que representa a más de 600 hosteleros de la provincia, indica que las medidas que entraron ayer en vigor está tomadas «de espaldas a la realidad» que viven.