Las y los estudiantes universitarios recuperan desde ayer la presencialidad, poco a poco, tras el paréntesis que les ha mantenido lejos de las aulas durante las semanas más duras de la tercera ola de la pandemia. La avenida Tarongers de València recuperó cierto ir y venir de jóvenes que se dirigían a clase o que almorzaban y charlaban en pequeños grupos y en las zonas exteriores. Esta imagen pudo verse tanto en el campus de Vera de la Universitat Politècnica de València (UPV) como en el de Tarongers de la Universitat de València (UV), si bien en este último caso las obras de uno de los aularios mantendrán a parte del alumnado en casa hasta el 13 de abril.

En general, los jóvenes agradecen la presencialidad, pues coinciden en que en clase es más fácil prestar atención a los docentes y resolver dudas. Además, con la docencia online también echan en falta relacionarse con sus compañeros, aunque sea a distancia.

«Para mí es bastante positivo volver. Me afecta de forma negativa estudiar online, porque la distancia me hace más difícil seguir las clases y, viniendo, el compromiso personal también parece que se incrementa», opina Rocío, estudiante del máster de Arquitectura de la UPV de camino al campus. También ve «negativo que tu sitio de descanso o estudio sea el mismo, en la misma habitación».

En la misma línea opina su compañera Marta, que cree que «es más fácil mantener la rutina yendo a clase, porque en la habitación no desconectas». «Cambiar de ambiente despeja muchísimo la mente», aclara. Además, añade que socializar da «vidilla».

Samuel Hostalet, también de Arquitectura pero en su caso de 1º de grado, detalla que «online se hace un poco más dificultoso seguir las clases». «No tiene comparación y, aunque también es verdad que cada vez hay más medios, es mucho mejor en presencial, porque te explican de tú a tú», considera .

Para él, estrenarse en la universidad en estas circunstancias «ha sido diferente y creo que es un poco más difícil, pero ya veníamos de varios meses en Bachillerato y la selectividad y nos hemos acostumbrado», reconoce.

Por último, Blanca Gómez y Alejandra Cano, de 1º de Magisterio, ya estaban en Tarongers ayer pero aún estarán unos días en casa, pues ellas recuperan la presencialidad la semana próxima, por los turnos alternos que se han organizado en algunas carreras. «Tenemos muchas ganas, porque trabajar online es difícil al no estar con los compañeros ni la profesora». «Es mucho agobio y mucho trabajo, hay mucha diferencia porque al final estás todo el día con el ordenador: para seguir la clase y después, con deberes y trabajos, sin salir de la habitación», apunta Blanca.

«A mí me cuesta más atender, porque tienes muchas distracciones», reconoce Alejandra, que también lamenta que en su primer curso universitario, esperaba «ser muchos en clase, tener más confianza con los profesores…», lo que la covid-19 dificulta en parte. «Teníamos muchas expectativas y nos hemos llevado un poco de chasco», reconoce Blanca Gómez.

A finales de enero, la Conselleria de Innovación y las universidades públicas y privadas acordaron «la mínima presencialidad posible durante el mes de febrero» y que esta se reservara a las prácticas que no podían ser aplazadas.

En el caso de la UPV se trata de la segunda interrupción de actividad presencial para el alumnado este curso, tras el brote del Colegio Mayor Galileo Galilei.