Del escepticismo inicial a convertirse ahora en una más que posible alternativa al resto de vacunas contra el coronavirus disponibles. Así ha sido el periplo de la alternativa rusa al resto de vacunas: la Sputnik V. Fue la primera en aprobarse, y como tal fue la primera sobre la que sobrevolaron mil y una dudas en cuanto al proceso de verificación de resultados y ensayos clínicos realizados. La falta de transparencia inicial del Gobierno ruso sobre los detalles de su fármaco tampoco ayudaron mucho a mejorar la imagen de la Sputnik.

Sin embargo, la Agencia Europea del Medicamento acaba de iniciar el proceso de verificación y aprobación de la vacuna Sputnik V para su posible aprobación en la unión. ¿Qué ha cambiado en estos meses? En realidad, la Sputnik V fue víctima del oscurantismo que rodea a Moscú. La tecnología que hay detrás de la vacuna es muy similar a la que emplea la de Johnson o la de Oxford para lograr la reacción inmune en los pacientes.

¿Cómo funciona la vacuna Sputnik V?

Son vacunas basadas en un virus vector. Los científicos utilizan un adenovirus como receptor del material genético que codifica la proteína de la espícula del coronavirus. El objetivo de estos adenovirus, que no pueden reproducirse dentro del cuerpo humano, es llegar a las células humanas, inocularles este material genético y permitir que éstas generen a partir de este ARN la proteína en cuestión. Cuando el cuerpo detecta esta proteína extraña reacciona como si de una infecciones se tratase y comienza a "rearmarse". Una de las principales reacciones es la generación de anticuerpos. Con ellos, el sistema inmune logra identificar al coronavirus en caso de infección real y lo destruye.

Transporte de la vacuna Sputnik V.

Aunque ambas vacunas se sustentan en la misma tecnología, existen pequeñas diferencias que pueden decantar la balanza a favor de cualquier de las tres. Para empezar la de Johnson es monodosis y su transporte y manipulación es mucho más sencilla y menos exigente que el resto. Por su parte, las vacunas de AstraZéneca y Sputnik 5 requieren de dos dosis para producir una inmunización concreta. Además, y a diferencia de la de Oxford-AstraZéneca que utiliza en ambas dosis el mismo tipo de adenovirus, la rusa utiliza dos tipos diferentes en cada una de las dosis. Esta sutil diferencia podría estar detrás de la mejor reacción inmune de Sputnik. Según un artículo publicado en 'the Lancet', la vacuna rusa podría llegar a producir hasta una 91,6% de inmunidad tras la segunda dosis, frente al aproximadamente 70% detectado en el caso de la vacuna producida por AstraZéneca.

Opciones para los países miembros

La Unión Europea ha anunciado que dejará la puerta abierta a que cualquier país miembro pueda adquirir dosis de la vacuna rusa una vez sea aprobada por la Agencia Europea del Medicamento. España y Alemania mostraron su interés por la Sputnik V tras valorar los problemas de producción que presentaban las farmacéuticas Pzifer y AstraZéneca para poder cumplir con las dosis acordadas.

Otras vacunas en estudio

Sputnik V se suma a las vacunas desarrolladas por el laboratorio alemán CureVac y el estadounidense Novavax, que también se encuentran en un proceso de evaluación continua de sus datos y aún no tiene fecha para solicitar una autorización de uso.

En un proceso más avanzado se encuentra el antídoto de Janssen, filial belga de la estadounidense Johnson & Johnson, que ya presentó formalmente una solicitud para que la EMA estudie dar luz verde a la Comisión para que esta autorice una licencia de uso condicional del fármaco el próximo 11 de marzo, que de lograr superar el escrutinio, sería ya la cuarta vacuna disponible en la UE, junto a Pfizer/BioNtech, Moderna y AstraZeneca.