La marionetista Empar Claramunt, filóloga de formación, fundadora del espacio “El marionetari” de València y apasionada del mundo de los títeres y las marionetas, falleció ayer, según lamentan en redes sociales diferentes entidades como Escola Valenciana, Acció Cultural del País Valencià y Pro21cultural, entre otras muchas salas y teatros que acogieron sus obras.

Empar Claramunt nació en Puçol en 1954 y llevaba más de 30 años dando vida sobre los escenarios a lo que llamaba los “inanimados”, personajes que ella misma creaba y a los que era capaz de dar vida con sus manos y que, generación tras generación, seguían atrayendo a los más pequeños a los teatros.

Con una amplia formación en teatro, artes escénicas y marionetas -que le llevó a Barcelona y a Francia-, fue también profesora de italiano. En València fundó el Centro G. Leopardi, y tradujo al valenciano autores como Dario Fo y también libros para Bromera, entre otras editoriales.

Dirigió el Teatre Buffo en su nacimiento, en 1983, fruto de una experiencia pedagógica, y en 1998 nació de su mano la Associació d’amics i Amigues de la marioneta i altres arts, en la calle Turia del Cap i casal y que, hace unos años, se trasladó a una nave de la Ciutat de l’Artista Faller, donde compartía espacio con el Teatre Buffo y proyectos con la docente Carmen García. Asimismo, durante su larga trayectoria pasó por compañías como Bambalina.

"Veo feliz a los niños y niñas"

En una entrevista publicada por Levante-EMV en 2018, Claramunt explicaba que le dedicaba su vida a las marionetas porque estas le hacían “absolutamente feliz y veo feliz a los niños y niñas; son angelitos con una sonrisa”. “Me siento muy bien y veo cómo crecen, por eso soy muy cuidadosa con los mensajes, porque los niños tienen la mente en blanco”.

Por esto, Claramunt solía incluir en sus obras mensajes relacionados con el ecologismo o el feminismo en una época en la que no eran tan habituales como en la actualidad.

Asimismo, otro punto que destacaba de Claramunt era la defensa del valenciano. También era una convencida del papel perdagógico de las marionetas y los títeres: “son una herramienta fabulosa y muy creativa en manos de los maestros; son increíbles para aprender lenguas”.

La noticia ha generado tristeza y una multitud de mensajes de entidades, salas y teatros que ponen en valor el legado de Claramunt y su trabajo como referente en el mundo de la marioneta, especialmente dirigido al público infantil pero que ella también reivindicaba como una necesidad para los adultos.