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Un año con síntomas de coronavirus

Cuatro casos de covid persistente cuentan cómo evolucionan tras 12 meses de infección

Un año con síntomas de coronavirus

Un año con síntomas de coronavirus

Sara Haro y Esther E. superan todos los días desde hace un año los 37 grados en el termómetro. Para Sonia Serrano la fatiga es una acompañante más en su rutina en los últimos 365 días. También para Ana Crespo Tudela a quien se le añade una afonía en cuanto une cinco frases. Las cuatro sufren covid persistente como explicaron a Levante-EMV en noviembre y ahora, un año después del inicio de la pandemia y de su contagio, siguen sufriendo los síntomas. «O incluso peor», añade Sara.

Las cuatro llevan un año con síntomas de una infección que, por mucho que una PCR diga que ya no tienen, siguen padeciendo, algo que les ocurre, según datos del ministerio, a uno de cada 10 durante más de 12 semanas. En su mayoría mujeres y, cada vez más a adolescentes. Hay síntomas compartidos como el cansancio extremo o el dolor de cuerpo generalizado igual que compartida es la incertidumbre, la dificultad de trabajar, los problemas con la baja y las ganas de recuperar la vida normal. «No quiero ser una enferma crónica con 34 años», dice Sara.

«Voy a rachas», explica la joven de Vinarós, «nunca sabes cuándo te vas a encontrar mal». En un año ha tenido nueve infecciones respiratorias, la última en enero, y cuenta que desde noviembre ha empeorado especialmente la niebla mental. «Pongo una sartén al fuego y tengo que poner una alarma porque se me olvida, voy con notas a todas partes y eso antes no me había pasado nunca».

El problema se vuelve económico cuando la Seguridad Social rechazó prolongar la baja. «Llevaba 15 años cotizados de paro que se los comió la baja de la espalda por un accidente en enero de 2019», de la que espera una intervención quirúrgica que no llega, lamenta. Los informes de la inspección del INSS hablan desde covid residual hasta trastorno distémico (como una depresión) porque el covid persistente no se encuentra con código. «Nos encontramos una piedra tras otra y no sé dónde está la chica que era yo antes de 2020», dice resignada.

También tiene problemas con la baja laboral Ana Crespo Tudela. «Sigo fastidiada, pero me han dado el alta automática porque ya ha pasado un año de la infección». Trabajaba en un supermercado al que, dice, «si tuviera que volver no tendría más remedio, pero es complicado porque tengo que levantar peso y tengo niebla mental y a veces me cuesta reconocer las monedas», relata la vecina de Benimaclet de 53 años.. No le ha visto el médico y por eso ha presentado un escrito de disconformidad. «Lo que querría es llevar una vida normal, no estar así».

Efecto de la vacuna

La frase casi la calca Esther E. «Yo lo que quiero es trabajar, pero ahora no puedo». La covid le acabó provocando un tromboembolismo pulmonar crónico, tiene dificultad para respirar y un paseo con el perro supone dolor en el pecho y fatiga. «Llevo una vida muy limitada», indica pese a que todos los días se levanta con la pensando que va a mejorar, una realidad que no acaba de llegar. Y ya van más de 11 meses.

Al ser farmacéutica y estar adscrita a una oficina de farmacia se vacunó hace un par de semanas. «Al principio no me sentó bien, pero luego ni bien ni mal», explica. Hay estudios que señalan que un tercio de los pacientes de covid persistente mejoran tras la vacunación, pero no fue su caso. «Y me da miedo que piensen que la única solución sea la vacuna y una vez vacunados, se olviden de nosotros», reflexiona.

La inyección tampoco mejoró la situación de Sonia Serrano. Ella había vuelto a trabajar a la farmacia en junio «con mis días mejores y mis días peores». «La fatiga no se me ha ido en ningún momento y en enero tuve tres semanas de recaída fuerte», explica para añadir que, en su caso, «la vacuna no me ha sentado muy bien».

Le dieron dolores de pierna y cefaleas. Se hizo pruebas y lo único que salió extrañó fue un incremento muy alto de plaquetas que, según le explicaron los médicos, fue por el tratamiento de cortisona para el dolor de piernas. Hasta dos semanas después de la vacuna los síntomas extra a los que llevaba sufriendo por su covid persistente no han empezado a remitir. «Me encuentro algo mejor», dice. Sin embargo, se queja por falta de atención: «Estamos en el limbo y detrás de todo esto hay personas que antes tenían una vida, y aún no la han podido recuperar».

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