La economía española crecerá este año más que ninguna otra en el mundo desarrollado, solo igualada por la de Estados Unidos, el país que lidera junto a China la recuperación de la fulgurante crisis provocada por la pandemia de coronavirus.

Esas son al menos las previsiones presentadas ayer por el Fondo Monetario Internacional al inicio de su Asamblea de Primavera, en la que constata que la salida del agujero está siendo más rápida de lo esperado, aunque dejará un reguero de desigualdad y un mundo fracturado en varias velocidades.

Sus economistas prevén un crecimiento para España del 6,4% este año y un 4,7% en 2022. Buenas noticias sobre el papel, si no fuera porque no recuperará la riqueza previa a la pandemia hasta 2023 y tendrá más paro que ninguna otra economía avanzada.

Todo son incógnitas en el horizonte inmediato de una crisis económica que fluctúa en función de la situación sanitaria, las oleadas epidemiológicas o la evolución de la campaña de vacunación. «Un alto grado de incertidumbre rodea estas proyecciones», reconoce el organismo dirigido por Kristalina Georgieva. «Mucho sigue dependiendo de la carrera entre el virus y las vacunas». Como ha comprobado el Gobierno, es mal negocio hacer previsiones en estos tiempos, por más necesarias que sean para la elaboración de los Presupuestos. El 9,8% de crecimiento delPIB anticipado para su elaboración se antoja ahora tan lejano que la vicepresidenta Nadia Calviño dejó entrever el lunes que tendrá que ser revisado.

El repunte anticipado por el FMI es, aun así, mejor del previsto por sus propios analistas en enero. Ha crecido medio punto para situarse en el 6,4%, también cinco décimas por encima del consenso de los servicios de análisis recogido por Funcas. Una cifra que de cumplirse situaría el crecimiento nacional dos puntos por encima de la media de la eurozona (4,4%). El punto de partida era nefasto. Un descalabro histórico cercano al 11% del PIB en 2020.