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La campaña del 4M aviva una peligrosa escalada de confrontación con Madrid

Voces expertas enmarcan la disputa en lo ideológico pero advierten de la influencia de las tensiones en los equlibrios territoriales

Ximo Puig, junto a la vicepresidenta Mónica Oltra, Martínez Dalmau y la consellera de Sanidad. | FERNANDO BUSTAMENTE

Ximo Puig, junto a la vicepresidenta Mónica Oltra, Martínez Dalmau y la consellera de Sanidad. | FERNANDO BUSTAMENTE

Los encontronazos entre el gobierno madrileño y el valenciano se han instalado como un ritual más de la pandemia desde que crisis sanitaria elevó el tono de la polarización en el tablero político español. Pero, con la campaña del 4M en ciernes, la escalada de confrontación ha alcanzado esta semana cotas inéditas, con la peligrosa amenaza de una ruptura total de puentes sobrevolando el horizonte. La última polémica viene al hilo de una acusación velada de provincianismo deslizada por Isabel Díaz Ayuso, que ha provocado una respuesta unánime de indignación por parte del Consell.

En una entrevista televisiva, la presidenta madrileña vino a decir que no puede juzgarse la gestión sanitaria de su territorio con la de la Comunitat Valenciana porque Madrid solo puede compararse con capitales europeas y mundiales, si acaso con Barcelona, pero no con València, a la que redujo a mera «capital de provincia». A continuación, defendió su estrategia contra el virus «sin cerrarlo todo por decreto», pero evitó valorar si las mayores restricciones en la hostelería y la movilidad aplicadas por el Consell tienen algo que ver en que el territorio valenciano registre una incidencia acumulada de casos nueve veces inferior a la madrileña. «No me gusta hablar de otras comunidades», se limitó a indicar.

Las reacciones del president y la vicepresidenta de la Generalitat no se hicieron esperar. «Las comparaciones son odiosas, pero cada uno debemos asumir nuestra responsabilidad y consolidar lo que ya sabemos que funciona», replicó el jefe del Consell. «Gracias a los esfuerzos se consigue parar la pandemia, pero si hay otras miradas que dicen que no es tan importante el aumento contagios deberán asumir responsabilidades», insistió Puig, que pidió mirar más allá de fronteras y espacios territoriales porque «lo que le pase a una comunidad le va a pasar a todas». El dirigente también acusa al gobierno madrileño de poca transparencia y deslealtad por negociar la compra de vacunas Sputnik sin estar avaladas por la Agencia Europea de Medicamentos.

Disputa fuera del foro autonómico

Más allá del choque por la gestión de la pandemia, el politólogo Joaquín Martín Cubas ve detrás de la escalada de tensión una disputa ideológica y por la configuración territorial del Estado autonómico que ha desplazado momentáneamente como enemigo natural de Madrid a Cataluña, inmersa en una fuerte crisis interna que ha reducido su proyección a escala estatal.

El profesor de Ciencias Políticas enmarca de momento el enfrentamiento en el ámbito de lo político y no en el de la confrontación entre comunidades, pero advierte de que los problemas de fondo entre territorios deberían dirimirse en los foros de diálogo establecidos, por consenso, para evitar que vayan a mayores y puedan poner en jaque la gobernabilidad o los equilibrios del tablero autonómico. Para Martín Cubas, el pique se explica en buena medida porque Ayuso y Puig se han erigido en los barones autonómicos más representativos de las dos grandes sensibilidades políticas que existen en España.

En el rejoneo también terciaron ayer las primeras espadas de Compromís y Unidas Podem, que cargaron contra el centralismo de Ayuso, sacaron pecho de la gestión del Botànic y defendieron la condición de València como capital europea.

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