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Análisis

La sobreexposición de Puig tiene sus riesgos

La reunión con Janssen acaba en un problema para el jefe del Consell en el que se mezcla su antagonismo con Ayuso y su protagonismo mediático

Puig (derecha) y Ayuso (al fondo), en la última conferencia de presidentes presencial. | EFE

Puig (derecha) y Ayuso (al fondo), en la última conferencia de presidentes presencial. | EFE

Aparecer como el antagonista de la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (PP), salsa en todos los platos, tiene sus beneficios de imagen dentro y fuera de la Comunitat Valenciana. Pero obviamente no es una aventura sin riesgos. Puig, que solo había conocido hasta ahora la cara buena de la historia, la del interés en múltiples medios de comunicación estatales (en la última semana ha salido casi a entrevista diaria en televisiones o radios de Madrid), ha descubierto también el lado menos dulce los últimos días.

La presentación (con cierta grandilocuencia) de la reunión que mantuvo el martes con los responsables en España de la farmacéutica Janssen se giró al día siguiente en su contra al utilizarla Ayuso y el PP como arma de defensa de las gestiones que la madrileña había realizado con intermediarios en España de la vacuna rusa Sputnik, ilegal a día de hoy a esta ribera de la UE. «Ximo Puig anuncia que la Comunitat Valenciana recibirá dos millones de dosis de la vacuna Janssen entre abril y septiembre», fue el titular del comunicado que la Generalitat difundió tras la cita con los delegados de la empresa. El president se vio obligado al día siguiente a matizar que no era un acuerdo especial de compra, sino que era la cantidad que correspondía por población, según los acuerdos de la Unión Europea y la distribución prevista por el Gobierno de España. Lo lógico, y lo que expuso el equipo de Puig desde el primer momento a quienes preguntaron, pero que no figuraba en la información inicial.

Estas reuniones con las farmacéuticas (ya mantuvo una con AstraZeneca que pasó con más pena que gloria) pueden servir para hacer transparentes los calendarios de distribución y presionar así a las empresas a respetarlos, pero no suponen (no pueden suponerlo) alteración en las cantidades de vacunas a recibir. Pueden ayudar a aumentar la esperanza de la ciudadanía, pero su difusión también supone un elemento de propaganda de la actividad del Consell, sobre todo si se presenta con la pizca de azúcar para endulzar el producto. El riesgo es el que ya se ha comprobado.

La respuesta no ha venido solo por la derecha. Una parte del revuelo mediático levantado se puede interpretar como un mensaje indirecto del Gobierno a Ximo Puig ante actuaciones sin consultar al poder central. En el entorno del líder del PSPV aseguran, como el propio jefe del Consell ha resaltado en algunas de sus entrevistas, que la lealtad primera es con los valencianos.

Y añaden que no sale mal parado el president si la líder madrileña lo sitúa en la diana a la que atacar. No sale mal parado en cuanto a protagonismo y conocimiento público, pero otra cosa es si esta confrontación de territorios es peligrosa a medio plazo. El país está ya suficientemente crispado como para otorgar a la ciudadanía más motivos para la tensión y la búsqueda de enemigos.

Porque no todo son los réditos en la cuenta electoral. O no debería ser. Esa es la parte más seria de esta escalada de fricción: las consecuencias en las que puede derivar. Angela Merkel juguetea en Alemania con la posibilidad de una recentralización de poderes. Es el argumento de los ultraconservadores en España, que consideran que una gestión de la emergencia entre 17 territorios no funciona. Pero los movimientos ahora en el país germano están contaminados por la proximidad de unas elecciones generales con malas expectativas para el partido democristiano de Merkel, que además no cuenta con ella en el cartel. Necesita giros de guion.

Lo peligroso a la larga de todos estos movimientos estratégicos, de la falta de soluciones comunes y efectivas en Europa a los problemas reales, como es la carencia de vacunas, y de este refuerzo de los antagonismos políticos son los daños que pueden dejar en las democracias parlamentarias. Lo peligroso es que puedan verse como ineficaces ante crisis severas como la que nos atañe. Esos sentimientos son madera para el incendio que beneficia a los reaccionarios.

La solución (en palabras de un miembro del Consell) es tan fácil de decir como difícil de llevar a la práctica: una democracia más ágil y no menos democracia. No es sencillo, sí, pero lo que sería imperdonable sería perderse en otros intereses y dejar de intentarlo.

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