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"El Ramadán es compartir y con la covid añoramos a mucha gente"

El mes espiritual durará hasta el próximo 13 de mayo

Asmâa Elkherfih, junto a sus hijos en la víspera de la primera noche del mes sagrado del ramadán, en su casa de València. | GERMÁN CABALLERO

Asmâa Elkherfih, junto a sus hijos en la víspera de la primera noche del mes sagrado del ramadán, en su casa de València. | GERMÁN CABALLERO

«El Ramadán es compartir lo que tienes y con la covid echamos de menos a mucha gente». Son palabras de Asmâa Elkherfih, una ingeniera informática marroquí afincada en València que vivió ayer la primera noche del ayuno con sus dos hijos (su marido está en Marruecos y no pudo estar por el cierre de fronteras decretado por el país), en una celebración de la comunidad musulmana que por definición es multitudinaria, pero que este año se ha limitado por las restricciones de la pandemia.

Rezo en la mezquita del Centro Cultural Islámico de València, ayer, antes del toque de queda. | FERNANDO BUSTAMANTE

Ayer comenzó el mes del ramadán, uno de los pilares del islam en el que los musulmanes ayunan desde que sale el sol hasta que se pone para después romper esa abstinencia con el iftar, una velada para compartir que se realiza acompañada de familia y amigos. Este año, por segunda vez consecutiva las grandes reuniones están restringidas por la pandemia.

«Normalmente nos juntamos varias familias y cada una aporta algo, es un mes de valorar lo que tenemos y ponernos en la piel de aquellos que no tienen qué comer». Espiritualidad, solidaridad y empatía. Son algunos de los atributos de este momento del año, según explica Elkherfih. La anfitriona recibe a Levante-EMV con toda una mesa de manjares marroquíes preparada para cuando el sol se pone. Explica los diferentes platos, la harira, una sopa con lentejas, verduras y carne, los dulces de almendra y sésamo shabeakia y el alimento más destacado en las casas musulmanas durante el ramadán por sus propiedades nutritivas: los dátiles. Así, en la estancia preparada para la iftar, Elkherfih, su hijo Elías y la pequeña Aysha explican que este pilar del islam hace que «tu cuerpo entienda lo que sufren los demás».

Esta idea la resalta Elías, de 9 años, que aprende los valores del ramadán para dar a conocer su cultura. «Pues el conocimiento es la clave para un mundo de convivencia intercultural», añade su madre. Uno de los hitos más característicos de este mes es el rezo del tarawaih, que se practica en colectividad en las mezquitas tras romper el ayuno. Otra práctica que tendrá que esperar y que Elkherfih recuerda con lágrimas en los ojos.

Rezos adaptados por el virus

Las mezquitas también han adaptado sus rezos a la covid. Según explica Abdelkrim desde el templo en el barrio de Orriols, en València, se realiza una plegaria cuando el sol se va, integrando en una práctica la cuarta y quinta oración obligatoria y la especial durante el mes del ramadán, el tarawih, normalmente reservado para después del iftar.

«Las primeras semanas de este mes sí rezaremos en comunidad antes del toque de queda, pero a partir de entonces el sol se pondrá un poco más tarde y ya no dará tiempo», apunta al tiempo que matiza que «los últimos rezos del día se tendrán que hacer en casa».

La pandemia también ha cambiado la práctica en sí misma pues hay momentos en los que hay que «juntarse». Sin embargo, la distancia de seguridad y la mascarilla son dos condiciones para asistir a los rezos, en salas al 50 % del aforo y en un espacio donde se ha decidido clausurar los servicios, a pesar de la purificación previa a la plegaria.

«Los practicantes se purifican en casa, no queremos ser un foco de contagios», apunta Karim. Y cuenta que es una situación «rara»: «Nos acostumbramos, pero estamos deseando que esto acabe y compartir en comunidad», concluye.

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