Volver a salir a la calle a dar paseos, excursiones en grupo y las visitas de sus familiares más de continuo les ha devuelto la sonrisa los mayores en las residencias. «Antes solo podíamos comunicarnos por videollamada y había días que la notaba muy decaída, reconoce Mari Carmen tras visitar a su tía Josefina, de 87 años, en la residencia Ballesol de Burjassot.

Como el día de lluvia no acompañó tuvieron que conformarse con verse en una salita, pero habitualmente este tipo de encuentros familiares se realizan en la terraza como recomienda la normativa por la lucha contra el coronavirus, «preferiblemente en espacios abiertos».

El único pero que le ponen los residentes a esta nueva normalidad es no poder abrazar a sus seres queridos. Algunos como Josefina ya se han acostumbrado a saludarse con el codo como gesto de cariño, pero para otros como Francisco están hastiados de este tipo de prohibiciones. «Lo del ‘codito’ ya cansa, daría lo que fuera por un abrazo de mis nietos», asegura este residente de 75 años gran aficionado al ajedrez y el dominó. «Dejaría de jugar solo por poder abrazarlos».