Un agente de Protección Civil intenta poner orden en la fila. «Los de antes de las 11 y media, vayan pasando», dice a gritos. Pide ver la pantalla del móvil con mensaje de texto enviado por Sanidad. «No se amontonen, guarden las distancias» es otra de sus frases recurrentes. La fila discurre entre un bullicio que recuerda al de otros tiempos de turismo boyante frente a la Ciutat de les Arts i les Ciències.

Juan José Pérez, nacido en el 1958, trabajó hace más de 20 años en aquella área «quitando barro» justo donde después se alzó el edificio del Museo Príncipe Felipe. Ayer, fue una de las 6.000 personas nacidas entre 1958 y 1960 que entraron en él para vacunarse. «Mejor estar vacunado», explica después de recibir el suero de AstraZeneca. Además, aplaude la organización: «He llegado a las 11:22 y a menos 25 ya estaba listo», expresa.

Cristina admite que estaba «un poco nerviosa» antes de recibir el pinchazo, «pero tenía ganas». «Ahora estoy más relajada, me deja más tranquila porque es un paso más hacia la normalidad», cuenta justo a la salida del vacunódromo. En su caso, admite que fue la primera vez en el Museo Príncipe Felipe, un hecho que celebra: «Al menos mientras espero en la cola veo algo que me gusta».

Ricardo y María Rosa también acudieron ayer por primera vez a las instalaciones del museo científico que ha sido más muestrario de los avances de la investigación que nunca en sus 23 años de vida. Lo hicieron en coche desde Meliana. «Podrían haber puesto algún autobús o algún transporte», se quejan. Más allá de esto, muestran satisfacción por tener «ya puesta» la vacuna.

También tuvo que recurrir al coche Eduardo Alemany. Él desde Massamagrell, una localidad que hasta el viernes tuvo en el Pabellón One Wall su propio punto de inmunización, cerrado tras el inicio en el Príncipe Felipe. «He venido en coche porque en transporte público hasta no estar inmunizado me da miedo», admite. El viaje, no obstante, le ha merecido la pena: «Tenía muchas ganas de vacunarme por salud, precaución e ilusión por poder coger a mi primera nieta en brazos que tiene 5 meses y no he podido todavía».

También desde Massamagrell acudió Mari Carmen, en su caso, en metro hasta Alameda y después andando. «Son 15 minutos, pero para las personas más mayores si tienen que venir necesitarán un taxi», explica. Su «es curioso porque vivo aquí» intenta justificar que la de ayer haya sido la primera vez que entra en las tripas del complejo museístico. «Pero me parece estupendo que utilicen esto para una buena causa porque la vacunación es necesaria», indica. Y tras un «ha ido fenomenal», ríe y se pregunta: «¿Podré irme ya de vacaciones?».