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La dirección nacional arrincona a Bonig y la aboca a una retirada

La síndica medita qué hacer ante el coste personal y político de mantener su candidatura

Isabel Bonig y Carlos Mazón, en un acto en València en diciembre de 2020. | EFE

Isabel Bonig y Carlos Mazón, en un acto en València en diciembre de 2020. | EFE

La presidenta del PP de la Comunitat Valenciana, Isabel Bonig, sigue meditando sobre su futuro político después de que la dirección nacional le haya comunicado sus planes de relevo al frente del partido. Sin embargo, las fuerzas comienzan a flaquearle ante la presión cada vez mayor de la dirección nacional para que facilite la llegada del presidente de la Diputación de Alicante, Carlos Mazón, como nuevo responsable de la organización.

Y es que en Madrid no se andan con miramientos y desde la secretaría general del partido, que controla Teodoro García Egea, se ha iniciado una ofensiva que aboca a Bonig a dar un paso atrás y renunciar a presentar su candidatura en el próximo congreso regional.

Estos días en los que, tal como avanzó Levante-EMV, Bonig ha congelado su agenda pública para meditar qué hacer, la dirigente habría constatado el coste personal y político que puede conllevar enfrentarse a una Génova que ya ha demostrado en otros territorios que no le tiembla la mano. De hecho, según ha sabido este diario, varios cargos locales ya habrían recibido llamadas con la advertencia de que apoyar a Bonig podría tener consecuencias.

Fuentes del entorno de Bonig mantienen que la dirigente no ha tomado la decisión y que esperará a tenerlo claro antes de pronunciarse, algo que podría alargarse hasta las elecciones madrileñas. Bonig, que lleva desde el viernes sin agenda (ese día se habría producido la visita a Génova), evitó ayer a la prensa y no acudió por la mañana al pleno de las Corts en el que la vicepresidenta Mónica Oltra dio explicaciones sobre el caso de abuso sexual de una menor por el que su exmarido ha sido condenado.

El de ayer era un día importante para el PP, pero Bonig no estuvo en su escaño, y solo se asomó unos minutos al hemiciclo su mano derecha, Eva Ortiz. Tenía, según fuentes oficiales, reuniones en el partido y en los despachos de las Corts. La presidenta regional acudió a la cámara a comer, pero no se dejó ver por la prensa. Hoy debe reaparecer en la sesión de control al presidente Puig, pero su intención es seguir en silencio.

Sin embargo, es un hecho que la también síndica popular está cada vez más sola. En el PP valenciano existe una opinión generalizada de que si Bonig desoye a Génova y lanza su candidatura es un suicidio político ya que carece de los apoyos claves: el de las estructuras provinciales que ha ido perdiendo paulatinamente desde que Pablo Casado llegó a Génova.

Primero fue Alicante, después Valencia y, recientemente Castelló, un territorio donde Bonig ha comprobado de primera mano las dificultades de que prospere una candidatura alternativa a la oficial. En esta provincia las presiones contra la aspirante Carmina Ballester han sido enormes, aseguran fuentes populares. Hasta hace unos días, Bonig aseguraba que no tendría problemas en batirse en primarias con cualquier candidatura. Siempre las ha defendido, pero la realidad es que la fórmula implantada en el partido es una trampa ya que la última palabra la tienen los compromisarios y compromisarias controlables por las cúpulas provinciales.

Además, con el contexto de la pandemia y las limitaciones de aforo, la votación telemática (por la que finalmente se ha optado en Castelló) saca de la ecuación los votos en blanco al tiempo que el uso de una aplicación que controla Génova da menos seguridad de anonimato que la votación presencial.

Bonig, además, nunca llegó a tener ese ejército con el que ella soñaba cuando tomó las riendas del partido y, aunque con el tiempo logró ciertas complicidades, nunca ha tenido la influencia y el control que sí tuvieron otros. Además, ha visto como el expresidente Francisco Camps vuelve a escena y alienta otra candidatura que podría aglutinar el descontento de aquellos sectores del partido que temen un desembarco alicantino y rechazan el «dedazo» de Génova.

Con pocas opciones de retener la presidencia, la decisión de Bonig se articula en otros parámetros: el de los principios. Para la dirección regional, pero también es una opinión que comparten otras voces, Bonig no merece un final así, máxime cuando recuperar la Generalitat podría estar más cerca que nunca. Quienes defienden su continuidad, apuntan el desgaste que ha sufrido estos años de travesía en el desierto en la oposición al frente de un partido asolado por los casos de corrupción.

Rechazo a senadora territorial

El otro elemento que está sobre la mesa es más prosaico: su encaje en el partido una vez se consuma el relevo. Génova siempre ha estado preocupada por que salida digna se le daba. Los movimientos en Castelló y la promesa al ex presidente Alberto Fabra d e encabezar la lista al Senado habría despejado el puesto de senador territorial, pero es una salida que Bonig no desea.

Otra de las cuestiones que está por resolver es si aceptará, en caso de tirar la toalla, seguir como síndica en las Corts, es decir, seguir llevando el peso de la oposición a sabiendas de que los frutos de este trabajo no los recogerá ella.

El eslabón más débil del plan de Génova es precisamente la falta de visibilidad de Mazón en el centro neurálgico de la política, es decir, en el parlamento valenciano con un grupo, además, hecho muy a la medida de la presidenta Bonig.

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