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Más del 70 % del suelo rural contribuye a conservar la biodiversidad

Combatir la despoblación es clave para plantar cara al calentamiento global, según Greenpeace

Un tractor circulando por las calles de Pedralba en una foto de archivo.  | F.CALABUIG

Un tractor circulando por las calles de Pedralba en una foto de archivo. | F.CALABUIG

Los municipios rurales de la Comunitat Valenciana contribuyen un 30 % más a mitigar el cambio climático y un 20 % más a conservar la biodiversidad que las grandes ciudades. Ese es uno de los datos que arroja el informe publicado el jueves pasado por Greenpeace.

La conclusión del estudio es que los pueblos (con sus humedales, su aire limpio, sus pastos y su producción alimentaria alejada del modelo industrial) son un sumidero de dióxido de carbono, y una clave fundamental para luchar contra la emergencia climática que amenaza con colapsar el planeta.

El periodo 2015-2019 fue el más cálido jamás registrado, y el último informe de Naciones Unidas advierte de que al ritmo actual no alcanzaremos a tiempo, ni de lejos, la reducción de emisiones para evitar un calentamiento global de 1,5 grados.

Así que combatir la despoblación es no solo una cuestión de justicia social, sino también vital para luchar contra la emergencia climática. «Los pueblos vivos son imprescindibles para solventar la crisis ecológica», asegura el estudio.

El interior de la Comunitat Valenciana y las comarcas de La Marina y El Comtat son las zonas más despobladas, allí, los pueblos de menos de 2.000 habitantes han perdido un 16 % de población en 20 años, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Aun así, estas zonas contribuyen muchísimo más que las grandes ciudades a la sostenibilidad medioambiental.

En su informe, Greenpeace mide la cantidad de suelo destinado a actividades que generan gases de efecto invernadero, y la superficie que contribuye a conservar la biodiversidad. Los contrastes son muy evidentes entre municipios rurales y urbanos, donde más del 70 % del suelo en los pueblos es superficie que contribuye a conservar la biodiversidad, mientras que en las ciudades ese porcentaje es menor del 50 por ciento.

Menos del 20 % del suelo rural se usa para actividades que generan efecto invernadero, pero en las grandes ciudades supera el 50 por ciento.

En el ámbito más concreto, los datos de las tres capitales de provincia también son destacables. El 65 % del suelo de la ciudad de València está destinado a actividades que producen gases de efecto invernadero, en Castelló es el 59,56 %, y en Alicante el 38,3 por ciento.

Apuesta por lo rural

La conclusión es esta: hay poca gente cuidando los ecosistemas clave contra la emergencia climática. El mundo rural es una oportunidad, pero no como un espacio de recreo. Apostar económicamente por la España vaciada no significa la aprobación proyectos de macrogranjas y grandes invernaderos, que, en realidad, no necesitan tanta mano de obra y acaban afectando muy negativamente a la zona. «Hay que aportar mucho más al tejido social, necesitamos gente que se dedique a mantener los campos y ejercer de verdad actividades sostenibles y ecológicas», dice Julio Barea, miembro de Greenpeace. Revitalizar los pueblos no significa agotar sus recursos.

El objetivo no es tanto atraer a una gran masa de gente a los pueblos sino evitar que los jóvenes nacidos allí se marchen por falta de oportunidades. Para Barea, «es importante que los pueblos tengan unos servicios equiparables a las ciudades, que se invierta dinero de verdad en las zonas rurales, pero la realidad al final es que los políticos solo vienen aquí a pedir los votos», remacha.

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