Ya llevamos varias semanas con un tiempo muy variable, bajo un cielo plagado muchas veces de nubes que van dejando chaparrones aquí y allá, especialmente de media tarde. Con esto, nos da la sensación de vivir en un bucle nuboso sin fin, donde el sol apenas tiene espacio para caldear el ambiente y ofrecernos un poco de vitamina D. Mientras está sucediendo esto aquí, en el vergel soleado de Europa, en gran parte del continente se están prodigando más de lo normal los claros. El mundo al revés. La cuestión es que reflexionando sobre esto en los últimos días, tras leer uno de esos hilos de Twitter magníficos que ofrece la delegación valenciana de la AEMET, me dio la sensación de tener un déjà vu. Pronto pude confirmar mis sospechas.

Los meteorólogos de la AEMET confesaron haber encontrado en las últimas semanas una dualidad bastante llamativa. Frente a los días nubosos de la cuenca mediterránea, la vertiente cantábrica está presentando un evidente superávit de horas de sol -como el resto del occidente europeo-. A lo largo del mes de abril, considerando desde el día 1 hasta el 25, cuando se publicó el hilo, la Región de Murcia registró 70 horas menos de sol de lo normal y 65 menos la Comunidad Valenciana. En el observatorio del Aeropuerto de Manises la mengua fue cercana al 50%. Debido a esta concatenación de días grises, hasta esa fecha la ciudad de Valencia había registrado el mes de abril más frío desde el año 1991.

Se trata de un escenario muy similar al vivido en la primavera pasada, solo que por aquel entonces el confinamiento domiciliario nos hizo percibir el tiempo de forma distinta. La misma AEMET hizo un estudio del período comprendido entre el 15 de marzo y el 23 de abril de 2020, en pleno aislamiento, y el resultado de la investigación no pudo ser más esclarecedor: las ciudades de Valencia, Castellón o Málaga nunca habían tenido un lapso de 40 días con tan pocas horas de sol. Y esto sucedió mientras Francia o Alemania tenían una sucesión infinita de días soleados, con regiones que sumaron más de 400 horas de sol frente a las 200 de las regiones mediterráneas españolas.

Detrás de este raro escenario meteorológico hay un fenómeno recurrente: el bloqueo anticiclónico escandinavo. Se conoce así al régimen que presenta un anticiclón apostado entre las islas Británicas y Escandinavia que obliga a circular a las borrascas más al sur de lo habitual, a menudo sobre la Península Ibérica. A finales de febrero comenzamos a hablar de esta disposición de piezas, que no ha cesado hasta hace apenas unos días. A partir de ahora, según nuestro modelo de referencia en Meteored, predominarán otros patrones previsiblemente más estables en la Península. Aunque parece que no nos zafaremos del todo de las tormentas.