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Cuando el embarazo y el cáncer de mama tienen que convivir

Marta Navarro ha sido madre al tiempo que se curaba un tumor en el pecho y ahora participa en una investigación sobre ambos procesos

Marta Navarro, junto a su hijo Quino, que ahora está a punto de cumplir cuatro meses de vida, en su casa de València.  | GERMÁN CABALLERO

Marta Navarro, junto a su hijo Quino, que ahora está a punto de cumplir cuatro meses de vida, en su casa de València. | GERMÁN CABALLERO

Marta Navarro es mamá de tres. Martina, Alejandra y el pequeño Quino, que llegó al mundo hace casi cuatro meses. Ella y su marido Álvaro viven en València y buscaban ampliar la familia. Finalmente llegó el día en el que Marta supo que estaba embarazada. Era mayo de 2020. Una semana después, tras una revisión rutinaria le diagnosticaron cáncer de mama. Su tumor era pequeño y desde el primer momento los médicos no auguraron ninguna complicación, sin embargo, Marta no entendía como había pasado. «Fue una bofetada grande», cuenta.

Su familia tenía historial de casos de esta enfermedad -pues su padre y sus dos hermanos fallecieron a causa de cáncer- y Marta sospechaba que ella podría ser diagnosticada en algún momento de su vida pero no en esta etapa, no embarazada. «Pensé: ‘esto no me puede pasar ahora’», recuerda. Admite que no quería creérselo y que en un primer momento se quedó paralizada.

«El diagnóstico asusta muchísimo. En ese momento sentí miedo e incertidumbre por todo lo que había vivido en mi familia y por no saber qué podría pasar con el embarazo». No había exteriorizado que Quino estaba en camino todavía y le aterraba contarle a su madre la existencia de un tumor maligno en su estado de gestación, «no quería que volviera a pasar por otro proceso como este».

Detalla que tuvo «muchísima suerte» con el equipo médico que la atendió. Al conocer la noticia tuvo dudas. «Me sentía mal por pensar en mí, porque este bebé era muy buscado, pero entendí que lo primero era mi salud». Sin embargo, al saber que el tratamiento sería el mismo embarazada o no y no afectaba al desarrollo del bebé, decidió seguir adelante.

Quimio preventiva

Se sometió a una mastectomía donde le extirparon el pequeño tumor en una de las mamas y después, comenzó con el tratamiento preventivo. Visitaba el hospital cada tres semanas para recibir quimioterapia por gotero, pues una mutación genética familiar le impedía someterse a radioterapia.

A los nueve meses, Quino llegó al mundo. Marta recuerda con lágrimas en los ojos este momento único. «Todo lo que habíamos pasado nos hizo vivirlo con mucha intensidad», dice con la voz entrecortada. «Al verle salir sano y conocerle por fin, la emoción fue indescriptible», cuenta. La segunda parte de su tratamiento la recibió después de dar a luz y ya ha tiene el alta médica. Para Marta, la clave es el diagnóstico precoz. En su caso ayudó a tratar la enfermedad de la mejor manera posible. Recalca la importancia de acudir a cada revisión, pues son «imprescindibles para detectar cualquier tumor a tiempo». Por eso, quiere contribuir a la investigación y ella es una de las mujeres que ha participado cediendo su historia clínica en la campaña «Haz historia con tu historia», lanzada por el Grupo Geicam de Investigación en Cáncer de Mama en la que participa el Instituto de Investigación Sanitaria Incliva del Hospital Clínico de València para recopilar información sobre la relación entre embarazo y cáncer de mama y ayudar a las mujeres que tras sufrir la enfermedad desean quedarse embarazadas.

Embarazos tras los 30

«El cáncer de mama en mujeres embarazadas era algo muy raro hace unos años», cuenta, por su parte, la oncóloga Begoña Bermejo, sin embargo, con el retraso de la edad de ser madre por primera vez a partir de los treinta años, el riesgo aumenta. Un factor sociológico que también es médico. «Ahora la incidencia es mayor porque antes de la treintena existe un factor protector en el cuerpo de la mujer que previene de los tumores mamarios en el embarazo, sin embargo, a partir de esta edad, el riesgo aumenta y las mujeres pierden esa prevención fisiológica, pues el cáncer es una enfermedad que aumenta su incidencia con la edad». La doctora matiza que no es muy común que esto ocurra. «En un año hemos atendido seis casos de 500, cuando anteriormente se asistía a una mujer en esta situación». Además, cada vez se encuentran más casos de mujeres de más de treinta que al ser diagnosticadas todavía no han sido madres y los tratamientos de quimioterapia reducen la capacidad de quedarse embarazada.

Por eso, la investigación que comienza ahora es importante para establecer una «fotografía de la relación con base científica entre el embarazo y el cáncer de mama» y saber si hay implicaciones biológicas que tengan relación entre los dos procesos y poder ayudar a mujeres que tras sufrir la enfermedad deseen quedarse embarazadas.

Ceder tu historia médica para ayudar a mujeres que deseen ser madres

«Haz historia con tu historia» anima a las mujeres que hayan tenido un cáncer de mama durante el embarazo o hasta un año después; a las que hayan realizado una preservación de su fertilidad antes del tratamiento; y a quienes, habiendo tenido un cáncer de mama, han sido madres o lo deseen, a ceder su información médica a la investigación para conocer la relación entre cáncer de mama y embarazo, además de ayudar a las mujeres con esta enfermedad que deseen ser madres en un futuro.

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