«Hoy comenzamos a ver la luz al final del túnel en el que nos metieron hace 81 años», decían ayer los familiares de los represaliados enterrados en la fosa 114 del cementerio de Paterna en el acto de inicio de los trabajos de exhumación. Se trata de la conocida como la «fosa de la cultura», en la que se estiman que yacen cerca de 197 cuerpos dedicados al mundo de la cultura, las letras, la política y la judicatura.

Entre ellos, el secretario del Ateneo Mercantil Isidro Escandell, el dibujante de la revista La Traca, Carlos Gómez Carrera, o alcaldes de Godella, Bellreguard, Venta del Moro, Bétera, Foios y Palmera. Al magistrado de la Audiencia Provincial Luis Cisneros y a Vicent Carceller, periodista y fundador de la revista La Traca, los enterraron en otros nichos del cementerio, antes de su sepultura en la fosa común. Los cuerpos de personas asesinadas por el franquismo están distribuidos en cinco sacas, la última del 28 de junio de 1940.

Al acto —organizado por la Asociación de Familiares de Víctimas de la Fosa 114 de Paterna— asistió el diputado de Memoria Histórica de la Diputación de Valencia, Ramiro Rivera; la consellera de Calidad Democrática, Rosa Pérez Garijo, y diversos alcaldes de localidades con víctimas en la fosa. «Asistimos a un acto de justicia y culminamos años de lucha con el único propósito de que nuestros familiares tengan un entierro digno», dijo la presidenta de la Asociación de Familiares de Víctimas de la Fosa 114, Carmen Contreras.

Teresa, de Chelva, acudió ayer a los primeros movimientos para desenterrar a su padre Juan Álvarez. «Esto tenía que haber sido antes», aseveró con impotencia. Antonia Sanchis también habló de su padre Antonio. Era albañil, de Mislata y militaba en un sindicato de trabajadores. «Era una buena persona y le mataron con 27 años», lamentaba.

"Es un secreto de familia"

Francisca Llopis y Pepa Bonet, por su parte, son de Bellreguard. Recordaban viajar a Paterna a menudo para llevarles flores a sus abuelos, Fernando Escrivá y Constantino Bonet, concejales de Esquerra Republicana. «Cuando acabó la guerra les ofrecieron partir en barco al exilio», explicaron. «Ellos dijeron que se quedaban, pues no habían hecho ningún daño a nadie». A los pocos meses les fusilaron. Desde entonces, Francisca y Pepa lamentan el silencio. No se habló del tema hasta que llegó la democracia. «Yo preguntaba y mi abuela me decía: ‘yo te cuento la historia de tu abuelo pero esto no lo digas a nadie, es un secreto de familia’», cuenta Pepa. Ambas dicen que la exhumación es bienvenida, pero «ha tardado demasiado, mi madre ya no lo puede ver y aun así todavía las heridas no han curado».

La fase de excavación, que dio comienzo ayer con la retirada del mármol de la cubierta de la sepultura, a cargo de Arqueoantro, podría alargarse alrededor de seis meses debido al gran número de cuerpos que se espera encontrar (es una de las más grandes), mientras que la identificación de los restos hallados se prolongará durante este año y el próximo.

A la izquierda, la Asociación de Familiares de Víctimas de la fosa 114 de Paterna, ayer ante la cubierta de la sepultura. A la derecha, un hombre recoge una lápida de un familiar para despejar el mármol y abrir la fosa.