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"Me sentía la oveja negra en el instituto pero aquí he encontrado un apoyo"

Merche Ruiz prepara las pruebas de la ESO y grado medio en una de las escuelas de segunda oportunidad de València, un apoyo para muchos jóvenes que dejaron sus estudios y desean retomarlos

Merche Ruiz

Merche Ruiz

Una oportunidad de volver a clase o la posibilidad de formarse en algún oficio para entrar en el mundo laboral. Y confianza, mucha confianza y apoyo. Esto es lo que ofrecen las escuelas de segunda oportunidad (E2O) a jóvenes de entre 15 y 29 años que no han finalizado la educación obligatoria pero que no se resignan a formar parte de las estadísticas de fracaso escolar o riesgo de exclusión.

Un grupo de estudiantes en Iniciatives Solidàries. | LEVANTE-EMV

«Me ha venido muy bien, porque estaba un poco perdida; me han ayudado a sacar mi vocación. Aún no lo tengo claro, porque un trabajo es para toda la vida, pero seguramente me decida por algo relacionado con el deporte, que me gusta mucho, o también los niños». Merche Ruiz tiene 21 años y se le nota ilusionada. Es una de las jóvenes que aprende en Taleia, de la Fundación Adsis, una de las dos escuelas de segunda oportunidad que hay en València.

«Ahora confío en mí misma»

El testimonio de la estudiante — que es vocal de jóvenes en la Asociación Española de Escuelas de Segunda Oportunidad—, es esperanzador, a la par que duro. «Ahora confío en mí misma, pero he llegado a pensar que no conseguiría nada. En el instituto me sentía como la oveja negra y no me hacían mucho caso... Aquí me he encontrado una familia, un apoyo moral, social… gracias a ellos voy a poder sacarme el título de ESO y tener un futuro», explica la joven, que también prepara las pruebas de acceso a la FP. «Antes no estaba animada, pero ahora sí. Mis padres están contentos, porque hago esto por mi futuro. Sé que los estudios son la base, sin ellos, no llegas a nada. Estoy contenta», reconoce la estudiante, a la que le gustan las matemáticas y lleva un año en Taleia.

Junto a esta entidad, Iniciatives Solidàries también atiende en València a jóvenes que no encajaron en el sistema educativo reglado. Son dos de las 43 entidades reconocidas en España —que acompañan a unos 8.000 jóvenes— que, recientemente, han realizado su quinto encuentro estatal, en este ocasión virtual. En palabras de Mati Vargas, educadora de Iniciatives Solidàries, las EO2 dan «una respuesta educativa a jóvenes y adolescentes sin formación ni empleo que han vivido una experiencia de fracaso escolar y absentismo o no han conseguido una inserción sociolaboral». Así, con los chavales se trabajan «competencias transversales». «No solo nos ocupamos de la formación clásica, sino también de necesidades personales, sociales y familiares», detalla.

Las herramientas con las que cuentan las escuelas —que tienen equipos multidisciplinares, con personal de orientación, pedagogía, psicología, trabajo social, magisterio e inserción sociolaboral— son una formación innovadora, con itinerarios flexibles y personalizados, y un acompañamiento integral, que refuerza tanto las competencias básicas como las laborales.

Además, también es necesario el apoyo social, pues son chicos y chicas «con mucha vulnerabilidad», puntualiza.

Y es que, el perfil de estos jóvenes es el de hombres —en el 70 % de los casos, ya que la pobreza está más feminizada pero también invisibilizada— , «con mucho fracaso o abandono escolar, pobreza económica, familias precarias y desestructuradas (cada vez más monomarentales) y, en algunos casos, un posible ambiente predelictivo», explica. Todas estas son, además, situaciones que han ido a peor durante la pandemia.

Acompañamiento y flexibilidad

Para Adoración Jiménez, educadora de Taleia y coordinadora de promoción educativa, la importancia radica en «incidir y mejorar la formación global de los jóvenes», con una metodología de aprendizaje «más activa, que pone a las personas en el centro».

«Apostamos por ellos, confiamos mucho en sus posibilidades, no nos fijamos solo en las dificultades y lo que falta. Esto les hace confiar mucho más y ven que pueden conseguir lo que se proponen», añade.

«La escuela de segunda oportunidad muestra diferentes posibilidades a los jóvenes, al sistema educativo y a las administraciones públicas de hacer las cosas de otra manera, ante un problema complejo como es el del abandono del sistema educativo, defiende Jiménez, por lo que ve una «oportunidad para trabajar en coordinación y dar una solución global, no solo parcial». De hecho, también están en contacto con las consellerias de Políticas Inclusivas y Educación.

Las dos profesionales coinciden en que «sí que hay éxito» en las E2O. «Sorprenden las capacidades que tienen personas que, por dificultades de la vida, no han podido desarrollar su talento. Hay que sacarlo y potenciarlo y para eso necesitan espacios», apunta Mati Vargas, que incide en que los jóvenes «solo necesitan un apoyo ».

El objetivo de las escuelas de segunda oportunidad es que los estudiantes más jóvenes no abandonen sus estudios y los que sí lo hicieron, obtengan el graduado de Secundaria y se formen en alguna profesión.

Según explican desde Iniciatives Solidàries y Taleia, los jóvenes llegan en muchos casos derivados de los servicios sociales, de los institutos —con quien también se coordinan— o porque la familia o alguna amistad conocen los centros.

Con Iniciatives solidàries, tienen la posibilidad de obtener el carnet de conducir o el graduado escolar; así como prepararse para las pruebas de acceso a los grados medios de FP o los certificados de profesionalidad de Labora.

Como detalla Mati Vargas, «los trabajos que suelen encontrar están relacionados con la cocina, la mecánica, el automóvil, monitores de ocio y tiempo libre o limpieza de superficies industriales».

En el caso de Taleia, las salidas habituales son talleres de cualificación básica de mecánica, estética, peluquería o comercio y también ofrecen a los jóvenes la posibilidad de probar diferentes oficios, explica Adoración Jiménez.

Las E2O cuentan con agencias de colocación o centros de inserción laboral, por lo que el acompañamiento puede durar entre dos y seis años, hasta conseguir un empleo.

El primer paso para la inserción sociolaboral es obtener un título

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