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La nueva ley del Registro Civil inquieta a los jueces de paz

La modernización de esta norma genera confusión en el colectivo al no quedar definidas sus competencias

La ley inquieta a los jueces de paz

La ley inquieta a los jueces de paz

En los pueblos y en los pequeños y medianos municipios la figura de la jueza o juez de paz es esencial. No solo porque facilita numerosos trámites administrativos, como la obtención de certificados, sino porque tienen la potestad para oficiar bodas civiles y, quizá lo más importante, mediar en conflictos de pequeña dimensión, como disputas entre vecinos, pequeños impagos y otros desacuerdos.

Estos días existe una sensación de inquietud en el colectivo de jueces de paz tras la entrada en vigor el pasado 30 de abril de la nueva ley del Registro Civil. Los juzgados de paz se convertirán en oficinas colaboradoras del Registro Civil, lo que para algunos representantes supondrá la pérdida de competencias con el tiempo, aunque otros consideran que las funciones simplemente se modernizan. En todo caso, la aplicación de la norma parece confusa.

Salud Cervera Olmos es la juez de paz de Xirivella y, tras debatir ampliamente el cambio normativo, «parece que nos van a dar más competencias». En cualquier caso, Cervera explica que la modernización del Registro Civil «será progresiva, porque arranca en Madrid y seguro que tarda más de un año en llegarnos».

La exfuncionaria de Xirivella, de 69 años, ahora juez de paz de la localidad, admite que en el colectivo «nadie sabe el cambio real», pero considera «que no hay que alarmarse». En la actualidad, los jueces de paz se ocupan de asuntos como los expedientes de matrimonios, la celebración de bodas civiles, la inscripción de nacimientos y defunciones así como el otorgamiento de licencias de sepultura y cremación, además de los actos de conciliación.

Todo por una remuneración casi simbólica, por poco más de trescientos euros al mes. Aunque a la mayoría les mueve su espíritu vocacional de servicio público. La nueva Ley del Registro Civil abre ahora un periodo de transición -que se prevé de dos o tres años por el Gobierno- hasta la implantación del nuevo sistema.

Enrique Felip, juez de paz de Almassora, considera que con el cambio de ley poco a poco no habrá lugar para la figura que ahora representan, ya que cree que perderán las competencias del Registro Civil. «Sin ellas las obligaciones del juez de paz quedan minimizadas hasta el punto de quedar en un sin sentido. No se dan cuenta de que el poso de la sensatez no va reñido con la modernidad, porque el juez de paz ayuda al entendimiento entre sus convecinos, evitando que las contiendas lleguen a mayores, y sin necesidad de llegar a pisar los estrados judiciales», señala Felip.

Una reforma necesaria

Sin embargo, otras opiniones distan mucho de esta interpretación. Salvador Torrent es el alcalde de l’Eliana, pero durante 15 años ejerció de juez de paz y todavía está al día de todo lo que envuelve al colectivo. Torrent explica que era necesario «modernizar el Registro Civil, justo ahora que se cumplen 150 años de su creación».

«Esta reforma es una modernización en toda regla, con un Registro Civil único y centralizado que además acaba con el Libro de Familia, el cual se prestaba a muchos fraudes», señala el primer edil de la localidad. En cualquier caso, Salvador Torrent afirma con rotundidad que los jueces de paz «no van a desaparecer», entre otras cuestiones porque realizan trámites muy importantes para la ciudadanía, además de su impagable función de mediación «y como alcalde no toleraría que los pueblos perdiéramos ese servicio esencial».

Otra de las personas que ha llevado con orgullo su condición de juez de paz ha sido el periodista Baltasar Bueno, que ejerció durante 30 años en su pueblo, Almàssera, donde renunció al puesto el pasado año. Bueno explica que los distintos gobiernos han intentando «quitar competencias» al juez de paz.

Por ello, reclama a los «urbanitas» que comprendan que la Administración electrónica «no funciona en los pueblos, porque las personas mayores no lo entienden», en relación a la teórica mejora en la gestión de los trámites.

«Los juzgados de paz han hecho una gran labor de mediación, para intentar evitar que muchas personas acaben en los tribunales. Las personas de los pueblos, que no quieren saber nada de abogados ni jueces», explica el periodista. Bueno reivindica «el sentido común» como la mejor cualidad de los jueces de paz, y asegura que no les hace falta saber de leyes «porque lo importante es que saben escuchar»

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