No todo es optimista en el concurrido fin de semana. En el ambiente no dejaba de haber un cierto recelo a los comportamientos desmedidos e incluso en las redes sociales no desaparecía una cierta preocupación por el temor a los comportamientos inadecuados o al hecho de que se baje a la costa desde lugares con unas incidencias mucho mayores que las de la Comunitat Valenciana. Da la sensación de que tardará aún en llegar la conciliación con un grupo esencial de visitantes.

La primera noche, sin embargo, se saltó con nota alta. No se registraron problemas de botellón en la noche del viernes al sábado y, al cierre de esta edición, empezaba la vigilancia de la noche más delicada, la del sábado.

Sin embargo, el parte general era esperanzador: casi sin problemas de orden público. Las autoridades valencianas han insistido en que no se van a permitir los excesos vistos en otras ciudades. Que habría control de distancias, de uso de mascarillas, sobre todo, teniendo en cuenta que no se han adoptado medidas como las de las playas perimetradas, que tan buen resultado dio el verano pasado, por ejemplo, en Benidorm. Ayer, las imágenes no eran del todo perfectas.

La policía autonómica también se desplegó para ayudar a las dotaciones locales. Imágenes sin duda diferentes de las últimas excursiones playeras, que fueron en tiempos en que el ciudadano del «cap i casal» se encontraba con situaciones tan curiosas como que no podía acceder, desde la Malva-rosa, a la playa de la Patacona.